A los 49 años, Manuel Vinzon retomó la secundaria después de 32 años y, como si fuera poco, fue elegido primer escolta de la bandera de Villa María.
De lunes a viernes, Manuel asiste al CENMA MAO, institución emplazada sobre calle Estados Unidos 111 (esquina Santa Fe).
El entrevistado es lo que transmite en la vida, en el colegio y también en su casa, donde nos recibe gentilmente y comienza a contar su historia.
A su lado está Natalia, su compañera de vida, a la que conoció de chico y con la que se volvió a juntar algunos años más adelante. Ella se suma a la charla y con cierta habilidad empieza a repartir mates.
Dejó la escuela para trabajar y nunca abandonó la idea
La línea del tiempo empieza con un Manuel de 15 años. “Empecé a trabajar a esa edad, siendo cadete, con una Zanella 50. Hacía viandas y también repartía pizzas, y al mismo tiempo estudiaba”, relata.
“Dejé la escuela en cuarto año para empezar a laburar. Después de ser cadete conseguí trabajo en una farmacia, después en una droguería, laburé toda mi vida”.
La historia laboral de Manuel se extendió durante décadas y estuvo marcada por diferentes responsabilidades. El estudio, mientras tanto, quedó siempre como una cuenta pendiente que intentaba recuperar.
“Siempre fue una materia pendiente terminar el colegio”, resume al recordar aquellos años en los que las obligaciones laborales terminaron ocupando el lugar de los estudios.
Manuel es oriundo de Concepción del Uruguay, Entre Ríos, pero hace varios años que vive en Villa Nueva.
“Llegué por una empresa de trabajo que abrió una sucursal acá, así que nos vinimos con mi pareja, en 2018”, cuenta.
Aún así, fue en Villa María que retomó aquel camino educativo que había quedado interrumpido durante más de tres décadas.

El momento que cambió su vida
El regreso a las aulas estuvo relacionado con un momento difícil para Manuel. Después de muchos años en un puesto de responsabilidad, decidió dejar su trabajo.
“Fue un momento para mí muy duro en lo personal. Quedé muy mal, renuncié después de muchos años a una empresa, donde tenía un montón de gente a cargo, un montón de preocupaciones, era encargado de una sucursal, tenía 10 o 15 personas que manejar, terminé renunciando de un día para otro”, compartió.
En ese momento, el acompañamiento familiar resultó fundamental. Natalia, su compañera, fue quien lo impulsó a recuperar una idea que Manuel había guardado durante años.
“En ese momento, el principal puntal fue mi señora, que me insistió para volver a estudiar, y así fue como por intermedio de una amiga suya que trabaja en el CENMA arranqué”.
“Siempre fue una materia pendiente terminar el colegio. Convivía con el prejuicio y el miedo de que piensen ‘qué hace este con 50 terminando la secundaria’”, amplió.
La decisión implicaba enfrentarse también con sus propios temores. Volver a sentarse frente a un profesor y rendir después de 32 años significaba mucho más que completar una materia pendiente.

Volver a estudiar después de 32 años
El CENMA MAO fue el lugar donde Manuel encontró un espacio para recuperar los estudios, pero también una comunidad formada por personas con historias muy diferentes.
“En el CENMA me encontré con un montón de gente, de todas las edades, transitando un montón de situaciones, con profesores más jóvenes que yo, con quienes tuve la posibilidad de charlar y a quienes también les ha servido los consejos que uno les pudo dar por la experiencia vivida”, exteriorizó Vinzon.
El primer desafío llegó con los exámenes. El año pasado tuvo que rendir las dos materias que tenía pendientes para poder cerrar ese primer año.
“Hay momentos en los que todavía me cuesta un montón, pero le meto para adelante, con el apoyo de los profes, hay muchos que nos ayudan”.
El regreso no quedó limitado a completar las materias de la secundaria. Manuel también comenzó a aprovechar otras propuestas de formación disponibles en la institución.
“En este momento estoy haciendo un curso de ayudante de administración, la semana que viene empiezo un curso de oratoria, todo dentro del CENMA”, sostiene.
Manuel, primer escolta de la bandera de Villa María
Mientras avanzaba con sus estudios, llegó una noticia que no estaba dentro de sus planes. Manuel fue elegido primer escolta de la bandera de Villa María.
“Este año eligieron a los abanderados y escoltas de la bandera de Villa María, y yo salí primer escolta. Ahora por el Día del Profesor tuve mi primer acto. El 27 está el acto de Villa María y seguramente también me toque participar. No me esperaba esta oportunidad”, dijo.
“A la gente que por ahí tiene miedo de volver a arrancar, les digo que se sumen, que se animen, los profes te brindan todo, te hacen todo muy fácil, si uno no puede asistir por algún motivo particular, te mandan el trabajo por WhatsApp”.
Durante la charla, Vinzon se detiene para poner en valor la tarea que realiza una profesional que forma parte del día a día del CENMA.
“Quiero destacar el trabajo de Eugenia Possetto, la preceptora de ahí, su labor es excelente, está detrás de todo”, subraya.
El camino tampoco estuvo exento de momentos difíciles. Manuel atravesó un período de fuerte aislamiento personal después de dejar su empleo y, durante ese proceso, también falleció su mamá.
Estudiar, aprender y pensar en nuevos proyectos
El regreso a las aulas también modificó la manera en que Manuel piensa su futuro. Ahora aparecen nuevas posibilidades que antes parecían lejanas.
“Me dan ganas de seguir estudiando, estoy averiguando para hacer cursos de oratoria, averigüé y sé que los dictan en la UNVM. Siento que en estos últimos dos años se me abrió la cabeza, socialmente y personalmente”, reconoce.
En paralelo con la vuelta al colegio, Manuel también puso en marcha un emprendimiento de remeras estampadas llamado “El club de las remeras”.
Fue justamente desde las redes sociales de ese proyecto que anunció que había sido elegido primer escolta, con una foto y el siguiente mensaje:
“Hace 32 años dejé la secundaria para trabajar y seguir adelante con la vida. Pasaron los años, llegaron responsabilidades, familia, trabajo y muchas cosas más, hasta que decidí volver a estudiar.
Hoy, a los 49 años, estoy terminando aquello que había empezado hace 32. Y poder jurar la bandera como primer escolta es un orgullo y una emoción enorme.

Quiero agradecer a mis hijos, a Natalia, mi señora, por acompañarme y bancarme siempre, y a toda la gente que me quiere y estuvo cerca en este camino.
También un agradecimiento enorme a CENMA MAO y a todos los profesores, por la paciencia, el compromiso y por darnos la oportunidad de demostrar que nunca es tarde para volver a empezar.
Hoy miro esta foto y pienso en aquel pibe que dejó la secundaria hace 32 años. Y siento que le estoy cumpliendo una promesa. Orgulloso del camino. Orgulloso de no haber bajado los brazos”.
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