A días de que el juez Camogli dicte sentencia contra Oscar González por la tragedia de Altas Cumbres, Nassia y Gustavo Álvarez, madre y padre de corazón de Alexa Miranda, cuentan cómo fueron estos casi cuatro años. Para ellos no es solo un juicio: es lo que se llevó el 29 de octubre de 2022.

El 20 de octubre se conocerá el veredicto en el juicio al exlegislador Oscar González. La fiscalía pidió tres años y diez meses de prisión efectiva. La querella, diez años. La defensa, por su parte, discutió la pericia y puso bajo sospecha a quienes declararon. Entre esas posturas hay una distancia enorme. Y en esa distancia viven Alexa, su mamá y su papá de corazón.

Una familia que vino a empezar de nuevo

Nassia y Gustavo se conocieron en Perú. Ella era cantante y licenciada en educación inicial, una carrera que dejó para criar a sus hijos. Trabaja desde muy joven. Cuando decidieron mudarse a la Argentina, después de la pandemia, vendió todo lo que tenía.

Llegaron a Traslasierra en enero de 2022 con un plan: desarrollar proyectos culturales, sobre todo ligados a la música. Alexa quería estudiar en un lugar que le gustaba, entre bosques y ríos.

«Nos vinimos como una familia para ir adelante con nuestros sueños», recuerda Nassia. Nueve meses después, según la acusación, la camioneta BMW que conducía González invadió el carril contrario en la ruta y chocó de frente contra el Renault Sandero de Alejandra Bengoa, que murió. Marina Szulewicz y Alexa quedaron gravemente heridas.

«Hay una Nassia antes y otra después»

Hoy, el centro de la vida de Nassia es su hija. «Mi cabeza ahora está en acompañar a Alexa, estar con ella», dice. Habla de una joven que antes caminaba y ahora no, que se despierta con la pesadilla del accidente.

Habla también de lo que perdió ella. «Todo lo que pasó me borró la vida», afirma, y atribuye esa responsabilidad a González. Nassia cuenta que atravesó momentos de profunda angustia y que estuvo internada. «Hasta el día de hoy sigo sufriendo».

«En Perú decimos que si tenemos papa y cebolla no importa. Tenía alegría, era graciosa, musical. Así era antes».

Su idea de justicia es concreta: «Yo solamente voy a estar en paz el día que vea a mi hija volver a dar pasos, no importa cómo sea, poco a poco o con andador. Mientras no llegue ese día, no voy a tener consuelo ni sueños».

Un juicio que también pesa

Para la familia, el proceso fue otra forma de desgaste. Nassia cuenta que a ella le dijeron que había hecho un alegato en vez de prestar testimonio. Además, le marcaron como negativo sacar fotos del lugar del accidente con su cámara, algo que, según relata, también le reclamó el abogado defensor, Miguel Ortiz Pellegrini – quien usó fotos generadas por IA del accidente-.

Sobre su hija, explica que fue tratada de mentirosa por una confusión al responder quién costeaba sus gastos. Alexa dijo que eran ellos, cuando los tratamientos de salud los paga la Provincia. «Nunca negamos eso. Fue una pregunta capciosa para una víctima», sostiene.

Nassia describe además lo que ve en la sala. En la última audiencia, relata, el juez le llamó la atención a Gustavo por sus gestos, pero no dijo nada cuando González los miraba con una sonrisa que ella define como «malvada».

Gustavo no lo niega: «Me acusan de insultar o gesticular mucho. Pero respondo cuando dicen que Alexa miente».

Y Nassia marca algo sobre la cobertura: «Me llama mucho la atención que los medios ponen solo las palabras de Ortiz Pellegrini y no las de Alexa, que dio palabras importantes y pidió prisión efectiva para González». Su razonamiento es simple: «Ella va a estar toda su vida en silla de ruedas. El señor tiene que estar encerrado».

Lo que dijo la defensa

En sus alegatos, el 28 de septiembre en Villa Dolores, Ortiz Pellegrini sostuvo que la fiscal Analía Gallaratto «mutiló» la pericia accidentológica del perito Ramiro Ojeda y dejó afuera testimonios que la defensa considera importantes, como el de un camionero. Aclaró que critica las conclusiones y no la investigación. Es un argumento jurídico, y corresponde que los jueces lo evalúen.

Pero no se quedó ahí. Calificó de «dolor ideologizado» el relato de Gustavo y pidió que se investigue si cometió falso testimonio. Reclamó lo mismo para el bombero Lucas Barrio Niveiros, a quien acusó de mentir en perjuicio del imputado, y para Nelson Fernando Cortez, un testigo que dijo haber sido sobrepasado a alta velocidad por la BMW. A Cortez lo llamó «aventurero» y lo vinculó con una lista opositora en una elección comunal.

Gustavo lo vive como una confirmación: «No sale gratis llevar a juicio a un hombre con tanto poder».

El carril contrario

Hay otra frase de Nassia que pesa. Según cuenta, a González no le interesó la vida de las chicas ni la de Alejandra, porque el choque ocurrió en el carril contrario, el suyo no.

La fiscalía reconstruyó el hecho sin grises: la BMW invadió ese carril tras maniobras de sobrepaso y a una velocidad muy superior al límite. Aun así pidió el piso de la pena, apoyada en que González no tiene antecedentes, compareció durante todo el proceso y no intentó fugarse. La querella, a través del abogado Lucas Cocha, fue por otro camino: homicidio simple con dolo eventual, lesiones graves y gravísimas, y diez años de prisión. Sostuvo que González «estaba muy apurado por llegar a su destino y por eso cortaba curvas».

Si cumplir con lo mínimo se vuelve atenuante, ¿a quién le queda cómodo ese estándar?

«A Nassia la han hecho sentir nada»

Gustavo habla de un costo que no se mide solo en lo judicial. «Sentís que no sale gratis llevar a juicio a un tipo con tanto poder. A Nassia la han hecho sentir nada».

Cuenta una vuelta del destino: en 2021, Nassia cantó de manera virtual en la Legislatura de Córdoba, por el bicentenario de Perú. El acto lo presidió Oscar González.

Gustavo denuncia amedrentamiento y chantajes para evitar que la causa llegara a juicio. Dice además que sus proyectos personales y profesionales se truncaron por acciones del Gobierno. Según su relato, un proyecto sobre cáñamo que presentó junto a la comisión de Derechos Humanos de Traslasierra en la comisión de Ciencia y Técnica fue apropiado por el Gobierno de Córdoba, a través del ministerio de Agroindustria, la Facultad de Ciencias Agropecuarias y una empresa privada. Para él, es la consecuencia de haber denunciado a un poderoso.

«El Gobierno nos dejó de lado», resume. Recién en 2024 pudieron volver a un hogar que, con las enfermeras y el cuidado de Alexa, terminó convertido en una clínica.

Lo que se juega el 20 de octubre

Gustavo explica que la demanda civil solo busca garantizar la calidad de vida de Alexa, porque «las lesiones físicas y psíquicas son para toda la vida». Lo mismo vale para Marina. Y agrega una advertencia: en causas que salpican al poder, rara vez quedan víctimas sobrevivientes. Por eso, cree, quieren manchar la demanda.

«Si habláramos de la inocencia de González, no habríamos llevado a cabo ningún juicio», dice.

Espera el máximo. «Si no hay un acto de justicia medianamente decente, para mí no queda viabilidad social. Si vamos a permitir que un tipo con poder pueda hacer lo que se le cante, no queda viabilidad social».

Después de casi cuatro años, la familia sigue teniendo que demostrar que no miente. El 20 de octubre, la Justicia tiene la palabra.

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