Madrid, 13 sep (EFE).- Mourinho vio que Bellingham no podía más, pero no lo cambió. Ahí se resume bastante bien la importancia que ha adquirido el inglés en este Real Madrid. Acabó el partido contra el Rayo sin gasolina, sufriendo para ocupar espacios a los que normalmente llega antes que nadie. Después, su entrenador recurrió precisamente a él para explicar el bajón del equipo.
"Defino el de hoy como un partido de 45 minutos. A los 45 minutos, partido acabado. No tiene más historia. La historia sería el 3-1, el 3-0, el 4-0. Yo sabía que el equipo no tenía fuerza, ni física ni mental, para continuar en el segundo tiempo a jugar como ha jugado, sabía que el equipo no lo podía hacer. Un jugador como Bellingham ha jugado los últimos diez minutos sin ningún tipo de energía". dijo.
El centrocampista británico llevaba ya mucho fútbol encima. Jose Mourinho lo sabía y no lo sustituyó porque Jude Bellingham se ha convertido en uno de esos jugadores que hacen difícil el cambio. No es el mejor organizador del Real Madrid ni es un delantero, aunque aparezca muchas veces donde aparecen los rematadores. Su virtud está en otra parte. Bellingham abarca campo, presiona, roba, acompaña y, sobre todo, llega. Tiene una intuición especial para saber dónde va a terminar la jugada.
El gol al Rayo, el tercero, fue muy suyo. Vinícius salió disparado por la izquierda y cuando buscó compañía encontró a Bellingham entrando en el área. Pase atrás y remate. Una jugada sencilla que requiere algo que no lo es tanto: estar allí, cerca del gol, donde Mourinho desea.
Apenas unos días antes, contra el Inter, el técnico portugués tuvo un centro del campo condicionado por las ausencias (Arda Güler, Eduardo Camavinga y Bernardo Silva, sancionados) y prefirió inventarse a Trent Alexander-Arnold en la medular antes que retrasar a Bellingham. La decisión decía bastante. Mourinho puede mover muchas piezas, pero no quiere alejar al inglés de la portería.
Los números empiezan a darle la razón. Bellingham suma tres goles y dos asistencias en seis partidos. Es su mejor comienzo desde aquella primera temporada en el Real Madrid, cuando aterrizó como centrocampista y durante unas semanas pareció el mejor delantero de Europa: seis goles en sus seis primeros encuentros.
Aquello parece imposible de repetir. Esto parece más sostenible. El problema es el precio. Mourinho le ha dado 515 minutos de los 540 que ha disputado el Real Madrid. Ha sido titular en los seis encuentros y suma tres completos consecutivos frente a Betis, Inter y Rayo. Son 270 minutos seguidos y el 95,4 % del total posible. Al final de los últimos, ya no podía más.
La escena tiene su punto de contradicción. Mourinho explicó después que su equipo había perdido energía y escogió a Bellingham como mejor ejemplo. Pero fue él quien decidió mantenerlo hasta el final. Parece que para el portugués Bellingham pertenece a ese tipo de jugadores que se cambian cuando no queda más remedio, porque incluso cansado puede llegar una vez más. Puede robar una pelota, atacar un espacio o encontrarse de repente dentro del área.
Y es que el Real Madrid también se pareció bastante a Bellingham contra el Rayo. Mientras tuvo piernas, fue un equipo agresivo y voraz. Se marchó 3-0 al descanso. Cuando perdió energía, perdió también el mando. Sergio Camello marcó, el Rayo se animó y el Bernabéu, que tiene un olfato especial para detectar cuándo su equipo se deja ir, respondió con silbidos.
Bellingham pasó por las mismas fases. En la primera parte tuvo piernas para aparecer en el área y marcar. En los últimos diez minutos las buscaba simplemente para terminar. Mourinho ha recuperado al Bellingham que llega, marca y condiciona los partidos. Una magnífica noticia para el Real Madrid que trae consigo un pequeño problema: ahora tiene que encontrar la manera de darle descanso. EFE


