
Nuestra actual dependencia de los combustibles fósiles está llevando al mundo a un escenario crítico. Las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de quemar carbón, gas y petróleo están provocando un calentamiento global que amenaza con destruir el planeta y nuestra civilización. Somos víctimas de nuestras propias acciones.
Con el objetivo de evitar las peores consecuencias del cambio climático y que la Tierra se convierta en un lugar cada vez menos habitable, el ambientalista y activista estadounidense Bill McKibben lleva décadas luchando por el fin del sistema de combustibles fósiles y el auge de las energías renovables.
“Estamos a punto de darnos cuenta de que el sol, que ya nos provee de luz, calor y fotosíntesis, también quiere proveernos de la energía que necesitamos para dinamizar nuestras vidas. Estamos a punto de volver la mirada para buscar la energía en el cielo, en lugar de en el infierno”, escribe en su libro Here Comes The Sun, publicado recientemente en España por la editorial Capitán Swing como Aquí llega el sol.
En una entrevista con Infobae, el fundador de organizaciones ambientalistas como Third Act o 350.org, habla sobre nuestro papel como individuos en esta lucha por un mundo más limpio, el futuro al que nos enfrentamos si no aceleramos el proceso o las profundas transformaciones que podría traer consigo el abandono de los combustibles fósiles.

Pregunta: A día de hoy, ¿imaginar un mundo que ya no necesite combustibles fósiles y esté dominado por las energías renovables es una utopía o algo alcanzable?
Respuesta: Totalmente posible. El 90 % de la nueva generación eléctrica en todo el mundo el año pasado procedió de energías renovables. Dentro de cuarenta años abasteceremos al mundo con energía solar y eólica. El problema es que, si tardamos cuarenta años en lograrlo, será un mundo destruido, así que tenemos que acelerar el ritmo: ese es el trabajo de los activistas.
P: Teniendo en cuenta la situación actual, ¿cómo imagina el mundo dentro de 50 años? ¿Y cómo le gustaría poder imaginarlo?
R: Bueno, hagamos lo que hagamos, será más caluroso y más difícil. La cuestión es si seguiremos teniendo civilizaciones funcionales para tratar de hacer frente a eso. Y creo que no sabemos la respuesta: parte de ello depende de cómo se desarrollen los datos científicos y parte depende de la rapidez con la que logremos llevar a cabo la transición energética. Si hacemos todo bien y tenemos algo de suerte, dentro de cincuenta años podríamos hacer funcionar el planeta con energía limpia producida cerca de casa, que no requiera librar guerras ni congraciarnos con Estados Unidos, Rusia o Arabia Saudita.
P: Si el coste de obtener energía del sol es menor que el de los combustibles fósiles, como señala en su libro, ¿por qué muchos países que no disponen de yacimientos de estos recursos no están actualmente comprometidos con impulsar más esta fuente de energía renovable?
R: Inercia y corrupción. Estados Unidos, por ejemplo, está utilizando actualmente su política arancelaria para obligar a los gobiernos asiáticos a comprar enormes cantidades de gas natural licuado. Y, por supuesto, los costes de las renovables, aunque son mucho menores con el tiempo, se pagan por adelantado, así que existe resistencia política a asumirlos. Pero, sobre todo, se trata simplemente del poder establecido de la industria de los combustibles fósiles.
P: Recientemente, el Gobierno de España propuso a la Unión Europea gravar los beneficios de las empresas de petróleo y gas para financiar medidas de adaptación a la crisis climática. ¿Es un buen paso en la lucha contra el cambio climático o resulta insuficiente?
R: Es un buen paso. Todo es insuficiente, pero es tanto una fuente razonable de dinero como una forma de reducir el nocivo poder político de estas empresas.
La amenaza del cambio climático es un problema del presente
P: Mucha gente todavía considera que el cambio climático es un problema del futuro. ¿Qué consecuencias hemos empezado a ver en los últimos años y cómo puede la energía renovable tener un impacto positivo en el presente?
R: A estas alturas, creo que la mayoría de la gente entiende que este es un problema del presente. Seguramente los incendios y las olas de calor en toda la península Ibérica han hecho entrar en razón a algunas personas, ¿no? Quiero decir, estaba viendo la Vuelta el otro día y la temperatura a mitad de la subida era de 44 °C. ¡Vamos a tener dificultades incluso para celebrar eventos deportivos!
P: En su libro explica que el camino hacia las energías renovables, y especialmente hacia la energía fotovoltaica, no solo permitiría superar la crisis climática, sino que también ayudaría a construir un mundo completamente nuevo. ¿Por qué? ¿De qué manera podría esta transición transformar la sociedad que conocemos?
R: Ahora mismo dependemos de los combustibles fósiles, que solo están disponibles en unos pocos lugares. Las personas que controlan esos lugares tienen demasiado dinero y poder, e inevitablemente eso conduce a la guerra. Pero, aunque la luz solar tiene que recorrer 149,7 millones de kilómetros para llegar a la Tierra, ninguno de esos kilómetros atraviesa el estrecho de Ormuz.
P: La energía renovable también tiene un impacto, aunque menor que el del petróleo, el carbón y el gas. Como señala en su libro, por ejemplo, será necesario extraer litio, cobre y minerales de tierras raras, entre otros materiales, lo que provocará la destrucción de paisajes, la degradación de cuencas hidrográficas y el desplazamiento de comunidades rurales. ¿Cómo deberíamos abordar estas consecuencias y dónde debería estar el límite de los impactos que estamos dispuestos a aceptar?
R: Debemos hacer lo que podamos para minimizar tanto las consecuencias ambientales como las humanas, y debemos celebrar que sean muchísimo menores que las del sistema de combustibles fósiles al que sustituyen. Si se extrae litio, se utiliza en una batería durante un cuarto de siglo y luego se recicla. Si se extrae carbón, se quema hoy y mañana hay que extraer la misma cantidad.
P: En España, algunos municipios se oponen a proyectos solares y eólicos a gran escala por su impacto sobre el territorio, la agricultura y los paisajes, o porque creen que los beneficios van a otros lugares mientras ellos soportan los costes locales. ¿Cómo debería responder el movimiento de las energías renovables a este tipo de oposición local? ¿Y cómo sería un modelo realmente justo de despliegue de energías renovables para las comunidades que deben acogerlas?
R: Las comunidades deberían beneficiarse por acoger estos proyectos, mediante ventajas fiscales y demás. Pero tampoco deberíamos exagerar sus costes. Estamos viendo ejemplo tras ejemplo de cómo, por ejemplo, las plantas solares pueden combinarse beneficiosamente con la agricultura. ¡No seas un ambientalista de paisaje!

P: ¿Qué podemos hacer como individuos para contribuir a un mundo dominado por las energías renovables?
R: Paneles solares en el balcón, una bicicleta eléctrica para el transporte, una bomba de calor para refrigerar el hogar, una placa de inducción en la cocina. Pero lo más importante que puede hacer un individuo es ser menos individualista y unirse a otros en movimientos lo suficientemente grandes como para cambiar las reglas básicas del juego.
P: ¿Debe ir primero la acción de los gobiernos que movilice a la ciudadanía, o la acción de la ciudadanía que obligue a los gobiernos a hacer más para promover las energías renovables?
R: Al menos en Estados Unidos, los «líderes» políticos rara vez lideran, ¡y normalmente depende de la gente conseguir que hagan las cosas!




