La ecuación del maíz en el norte argentino enfrenta dos problemas que se potencian: los elevados costos para llevar la producción a puerto y el riesgo sanitario que todavía representa la chicharrita.

Gonzalo Blasco, presidente de la Asociación Civil de Productores Agrícolas y Ganaderos del Norte (Apronor), advirtió que el flete se lleva alrededor del 30% del valor del maíz, mientras que Macarena Ramos, asesora y productora, alertó que la próxima campaña arrancará con una población del insecto superior a la del año pasado y con presencia de ejemplares infectivos.

“De cada tres camiones, uno está directamente destinado a pagar el flete”, graficó Blasco, al describir la situación logística que enfrentan los productores del norte. El agricultor agregó que la llegada del tren, que en principio aparecía como una alternativa para reducir ese costo, no se tradujo en una baja concreta de los valores respecto del transporte por camión. Así, la ventaja esperada por el uso del ferrocarril no terminó modificando de manera significativa la ecuación del productor.

A ese problema se suma el sanitario. Ramos señaló que la campaña 2025/26 fue diferente a las anteriores por las abundantes lluvias y que, aunque al inicio los niveles poblacionales eran bajos, la amenaza nunca desapareció.

“Como productora del norte te puedo decir que la amenaza de la chicharrita sigue vigente, sigue latente y en muchos casos muchos rendimientos estuvieron condicionados por Dalbulus maidis y el complejo de achaparramiento”, explicó.

El dato que genera mayor preocupación está en la población que llega a esta época del año. Si bien normalmente después del invierno la cantidad de insectos disminuye, Ramos indicó que actualmente se registra un nivel 30% superior al de la misma fecha de la campaña anterior. Además, ya existen reportes de ejemplares que sobrevivieron al invierno y que son portadores del complejo de achaparramiento. “Entrás en la primavera con una población infectiva”, advirtió.

El escenario podría agravarse si se mantienen condiciones húmedas y aparecen plantas de maíz guacho antes de la siembra, porque permiten que el insecto continúe multiplicándose. “Fue un invierno muy benigno para nosotros y no hay proyecciones de que vamos a tener más frío”, señaló Ramos. Por eso, desde Apronor miran la próxima campaña “con cautela y mucha preocupación”.

El impacto puede ser muy fuerte sobre los rindes. Ramos recordó que durante la campaña 2023/24 observó lotes en el sur de Tucumán, en la zona de los Altos, que tuvieron pérdidas del 100%. Pero las situaciones son muy variables y pueden ir del 20% al 60% de merma, según el momento de infección, el material utilizado y las condiciones del cultivo.

La pérdida de rendimiento rápidamente se transforma en un problema de rentabilidad. “En el caso de que tengas un 40% de pérdida de rendimiento, estás bajando un rendimiento en el cual entra a jugar la otra parte, que es la rentabilidad”, explicó. Si el productor resigna tres o cuatro toneladas por hectárea, puede quedar por debajo del nivel necesario para que el cultivo sea rentable.

En Tucumán, el costo de implantación parte de unos 400 dólares por hectárea y puede llegar a 600 dólares según el nivel de tecnología e insumos utilizados.

Ramos estimó que hoy se necesitan aproximadamente cuatro a cinco toneladas por hectárea para comenzar a cubrir los costos. “Partís con una rentabilidad muy comprometida y, a su vez, con este riesgo que le agregás de tener chicharrita y la posible chicharrita infectiva encima”, resumió.