“Las Naciones Unidas no se crearon para llevar a la humanidad al cielo, sino para salvarla del infierno”, Dag Hammarskjöld.
El comienzo del debate de alto nivel en el marco del 81° período de sesiones de la Asamblea General de la ONU el próximo lunes 21 es una ocasión propicia para pensar la actual evolución del sistema internacional, tendencias de poder, así como las alternativas de gobernanza global.
¿Vamos a aceptar como el “nuevo normal”, los procesos políticos fundamentados en esquemas de poder y en paradigmas de áreas de influencias, casi siempre definidas en términos militares con el consiguiente riesgo de relaciones de subordinación?
En este escenario prima el modelo vertical de poder; el liderazgo por coacción; la armamentización de la diplomacia y del comercio; la imposición voluntarista, en desmedro del diálogo y de los consensos; el hubris en acción, en menoscabo de la cooperación fraternal.
O por el contrario vamos a optar por un multilateralismo remodelado a las necesidades del siglo XXI, a fin de abordar la amplia agenda global: lo que Kofi Annan, exsecretario General de la ONU, denominaba “problemas sin pasaportes” definiendo así una de las principales características de este siglo XXI: la interdependencia de toda la humanidad.
En este moderno pueblo mundo - Juan Bautista Alberdi dixit en El Crimen de la Guerra escrito en 1879-, cabe preguntarse:
¿Importa el multilateralismo, sigue siendo vigente?
¿Es relevante el andamiaje institucional surgido en San Francisco, con la Organización de las Naciones Unidas en su centro?
¿Cuál es el grado de influencia sobre las agendas, políticas públicas y la conducta y resultado de las interacciones de los estados?
Todas ellas preguntas relevantes, que deben ser abordadas desde una perspectiva global, teniendo en cuenta que la llamada comunidad internacional está compuesta por 193 países soberanos.
Para la mayoría de los países, este no es un debate abstracto definido solamente en términos geopolíticos o geoestratégicos, muy de moda en la actualidad.
El cambio climático –suba de nivel del mar, sequias y aluviones, drásticas modificaciones en la temperatura-; la pobreza y la desigualdad; la violación de los derechos humanos; las migraciones forzosas; los desafíos de la IA; y tantos otros son problemas reales que afectan cotidianamente a miles de millones de hombres y mujeres.
Es así como la ONU:
- Asiste y protege a 136 millones de seres humanos afectados por guerras, hambrunas y persecuciones.
- Provee alimentos y asistencia a mas de 110 millones de personas en más de 120 países.
- Suministra vacunas al 45% de los niños del mundo, y salva 4 millones de vidas.
- Trabaja con 193 países para ayudar a mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 1.5 grados.
- Ayuda a mantener la paz, con 52.000 cascos azules, en 11 operaciones de paz alrededor del mundo.
- Aborda la crisis mundial del agua, que afecta a mas de 4 mil millones de habitantes.
- Protege y promueve los derechos humanos globalmente, a través de 80 declaraciones y tratados.
- Coordina la asignación de 23 mil millones de dólares, con la prioridad en las necesidades humanitarias de 87 millones habitantes.
- Utiliza la diplomacia para prevenir conflictos, asistiendo a unos 50 países por año en sus procesos electorales.
- Protege a 42 millones de personas con riesgo de vida por motivos de agresiones sexuales.
Estas son algunas de las acciones principales que desarrolla la ONU, a través de su única e irremplazable agenda humanitaria y de cooperación global que se lleva adelante con un presupuesto para la paz – presupuesto anual de la ONU- que representa menos del 0.5% de los gastos militares anuales.

Paradoja de un mundo que gasta más en presupuestos militares, al tiempo que genera cada vez más guerras, en detrimento de la paz. El año 2025, marco el récord histórico de conflictos militares desde la finalización de la segunda guerra mundial. Según Uppsala Conflict Data Program, hubieron 65.
Asimismo, se crítica y descalifica a la ONU identificando a la organización con el solo funcionamiento del Consejo de Seguridad que debe su poca efectividad al uso del veto por algunos de sus cinco miembros permanentes, precisamente los que hoy enarbolan las bondades y efectividad de las políticas de grandes potencias.
Es importante destacar que dos de los cinco miembros permanentes – Francia y el Reino Unido- en una clara muestra responsabilidad global no han recurrido al uso del veto desde el año 1989.
Por su parte Francia y México presentaron en el año 2015 una propuesta para que los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad – China, EE. UU., Francia, Reino Unido y Rusia- renuncien voluntariamente a su derecho de veto en los casos de genocidio, atrocidades en masa y crímenes de guerra.
Esta iniciativa que cuenta en la actualidad con el apoyo de 120 países es una clara demostración que la funcionalidad y efectividad de la ONU depende en gran medida del compromiso y voluntad de los países miembros con la diplomacia multilateral y con la paz.
En la víspera de la elección de un nuevo secretario o secretaria general de la ONU, es imprescindible que los 193 países miembros de la ONU, y muy particularmente los más influyentes, reafirmen teórica y prácticamente su vocación multilateral. No alcanza con un secretario o secretaria general comprometida con asumir el trabajo más difícil del mundo- como o fue definido por Trygve Lie, primer secretario general – es imprescindible vocación y acción similar por parte de los 193 miembros.
Estamos en una era de baja mar multilateral, y ello no es el resultado de las fallas e ineficiencias de la ONU; es, en gran medida, la consecuencia de visiones de primacía de la diplomacia unilateral, del poder duro y de visiones e intereses limitados.
A partir del lunes 21, van a converger en la sede de la ONU en Nueva York:
- 73 jefes de Estado.
- 45 jefes de Gobierno.
- 11 vicepresidentes.
- 1 príncipe heredero.
Se estima que habrá:
- Alrededor de 168 eventos programados.
- Unas 1000 reuniones bilaterales.
Y se han solicitado:
- 1935 acreditaciones de prensa emitidas para periodistas visitantes.
- 1290 acreditaciones de prensa para medios oficiales.
Semejante y única convocatoria de lideres mundiales y movilización de medios de prensa- que se repite anualmente- no debe limitarse simplemente a una rutina política y diplomática del más alto nivel. Se debe volver a priorizar el dialogo, la cooperación y la búsqueda de soluciones consensuadas a través de la diplomacia multilateral, por encima del enfrentamiento, la discordia y visiones mesiánicas de liderazgos iluminados.

En aras de un realismo político ilimitado, no se debe soslayar las necesidades de miles de millones de habitantes del mundo, ni los desafíos existenciales que aquejan nuestro planeta.
En el actual escenario global, de enorme interdependencia en el cual todos somos- aunque asimétricamente- vulnerables, necesitamos de la ONU.
Una ONU más efectiva y con mayor capacidad de gestión, ya que como muy bien dijo hace unos pocos días el actual secretario general de la ONU Antonio Guterres, “las naciones Unidas no son simplemente una plataforma. Son una promesa”.
En el año 2024, las Naciones Unidas adoptó sin votación el Pacto del Futuro y sus dos anexos: el Pacto Digital Global y la Declaración sobre las Generaciones Futuras (con la salvedad que la Republica Argentina es el único país que se disocio de los mismos), como un claro aporte para enfrentar los desafíos de este siglo. Estos tres documentos son así una positiva brújula para el camino de la cooperación y colaboración.
La Carta de las Naciones Unidas comienza con una definición humanística: “Nosotros, los pueblos”. Ni los estados, ni las naciones, ni los imperios, ni los más fuertes…
Honremos esa definición, en beneficio del futuro de la humanidad.
Columnista invitado: Ricardo E. Lagorio. Embajador, miembro del Servicio Exterior de la Nación e integrante del Comité Ejecutivo del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI).



