
Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha que busca reforzar la importancia de reconocer cambios que pueden advertir sobre una situación de riesgo. En el Perú, los adolescentes y adultos jóvenes forman parte de los grupos con mayor vulnerabilidad frente a las conductas suicidas, según reportes epidemiológicos del Ministerio de Salud (MINSA) y del Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades (CDC Perú).
La detección puede resultar compleja porque una persona en crisis no siempre muestra señales evidentes. El aislamiento, la pérdida de interés por actividades habituales o modificaciones repentinas en el sueño y el apetito pueden formar parte de un cuadro que requiere atención, sobre todo cuando estos cambios persisten y se combinan con sentimientos de desesperanza.
La situación también puede permanecer oculta cuando la persona mantiene sus actividades habituales. Estudiar, trabajar o cumplir con responsabilidades no significa que exista bienestar emocional. El material proporcionado señala que pueden coexistir estas conductas con sentimientos de vacío, desesperanza o una sensación profunda de estar sobrepasada.
La identificación de expresiones relacionadas con el deseo de desaparecer o con la falta de sentido de la vida también resulta relevante. Estas frases no deben descartarse como bromas, pues pueden constituir señales que requieren una respuesta de apoyo y, según el nivel de riesgo, atención profesional.
Cambios de conducta que requieren atención

Entre las señales descritas se encuentran el aislamiento social, el abandono de actividades que antes generaban interés, los cambios importantes en los patrones de sueño o apetito y el descuido del cuidado personal. También pueden aparecer irritabilidad persistente, apatía, tristeza profunda y modificaciones repentinas del estado de ánimo.
La Dra. María Elena Escuza Pasco, directora de la carrera de Psicología de la Universidad Norbert Wiener, explica que una situación de riesgo no siempre resulta visible a primera vista.
“No siempre es posible identificar una situación de riesgo a simple vista. Lo importante es prestar atención cuando aparecen cambios drásticos y persistentes respecto a la forma habitual de comportarse, especialmente si están acompañados de desesperanza, aislamiento o pérdida de interés por actividades cotidianas”, señala.
La especialista también advierte sobre aquellas situaciones en las que las señales pueden confundirse con estrés, cansancio o dificultades propias de la vida diaria. Por ello, la observación de cambios persistentes adquiere relevancia para identificar un posible deterioro emocional.
Entre las expresiones que requieren atención figuran “ya no aguanto más”, “quisiera desaparecer”, “mi vida ya no tiene sentido” y “estarían mejor sin mí”. El material señala que estas frases deben tomarse en serio incluso si aparecen en tono de broma.
Preguntar puede facilitar la búsqueda de ayuda
Ante la presencia de varias señales, se recomienda buscar un momento tranquilo y privado para conversar con la persona. El acercamiento puede realizarse mediante una pregunta directa sobre su estado emocional: “He notado que estás diferente estos días y me preocupas, ¿quieres contarme cómo te sientes?”.
Durante ese diálogo, resulta importante evitar expresiones que resten importancia al sufrimiento. Frases como “no es para tanto”, “tienes que ser fuerte” o “échale ganas” pueden minimizar aquello que atraviesa la persona.
La orientación proporcionada plantea, en cambio, la necesidad de escuchar sin juzgar, conservar la calma y expresar apoyo. Estas acciones pueden facilitar que la persona acepte recibir asistencia profesional cuando la situación lo requiera.
Cuándo existe una situación de atención inmediata

La respuesta debe ser más rápida cuando existen señales específicas de riesgo. El material identifica como situaciones de atención inmediata los casos en los que una persona manifiesta tener un plan suicida, dispone de medios para ejecutarlo, presenta una desesperación extrema o realiza una despedida explícita.
Ante estos escenarios, la persona no debe permanecer sola. También se recomienda retirar objetos potencialmente peligrosos y buscar ayuda profesional urgente, de acuerdo con las indicaciones proporcionadas.
La Línea 113, opción 5, cuenta con psicólogos que brindan orientación en salud mental las 24 horas del día, los siete días de la semana, según la información del MINSA.
A través de este servicio, los profesionales ofrecen escucha activa, soporte emocional y orientación de acuerdo con las necesidades de cada persona. La atención contempla situaciones asociadas con angustia, soledad, tristeza y desesperanza.
El servicio también permite identificar alternativas de apoyo cuando una persona atraviesa una situación de crisis y facilita información sobre los servicios de salud mental disponibles. Si se requiere evaluación, diagnóstico o tratamiento especializado, el profesional orienta sobre la búsqueda de atención correspondiente.
La información del Ministerio de Salud precisa que este acompañamiento busca evitar que una persona enfrente sola una situación difícil y facilitar el acceso oportuno a servicios especializados.




