Nicolás Marín llevaba cinco años parado en la esquina de bulevar Rondeau y Olivé, en Rosario, con su puesto de camisetas y su hijo al lado. El domingo, minutos antes del inicio del clásico rosarino entre Rosario Central y Newell’s Old Boys, un grupo de personas a bordo de al menos cinco motos con ropa de la Lepra le arrancó casi toda la mercadería mientras él y su hijo miraban.
El ataque ocurrió alrededor de las 14:20 del domingo. Según relató Marín, una caravana de aproximadamente diez personas con vestimenta de Newell’s bajó de las motos al toparse con el puesto, lo insultó, lo amenazó con palos y se llevó las banderas y camisetas de Central que tenía para vender.
“En cuestión de milésimas de segundo, nos despojaron de todo”, declaró el vendedor. Su hijo Eloy, de 9 años, estaba con él en ese momento y Marín se colocó delante del niño para protegerlo.
Las imágenes del robo, grabadas por testigos desde un auto que circulaba detrás de la caravana, se viralizaron horas después. La difusión masiva desencadenó una reacción en cadena que Marín no esperaba.
Desde ese mismo domingo, cientos de personas comenzaron a transferirle dinero a través de Mercado Pago. La campaña de donaciones superó con creces las pérdidas del día del ataque. Con lo recaudado, Marín pudo saldar la deuda pendiente de su vivienda. “Gracias a la colaboración de la gente. Nosotros teníamos nuestra casita, que la íbamos pagando. Ahora es nuestra”, contó el vendedor en un video publicado por la Tienda Oficial de Rosario Central. Y agregó: “Ese daño se convirtió en un diluvio de bendiciones”.
La solidaridad no vino solo de hinchas del Canalla. El propio Marín destacó que hinchas de Newell’s también se sumaron a las donaciones y que varios se acercaron personalmente a su puesto a manifestar vergüenza por lo ocurrido. “Recién vino un hincha a pedir disculpas por sentir vergüenza ajena, porque hay gente que no representa a su equipo”, señaló.
En paralelo, la historia llegó hasta la familia de Ángel Di María, capitán del equipo. Fue Jorgelina Cardoso, su esposa, quien tomó la iniciativa. “Mi mujer fue la que me dijo: ‘Estaría lindo llevarle una camiseta’”, relató el futbolista en una conferencia de prensa que dio este miércoles.
Cardoso se acercó personalmente al puesto de Rondeau y Olivé y le entregó una camiseta del Canalla con el número 11, firmada por Di María y con una dedicatoria personal: “Para Nicolás, con cariño”. También llevó una para el hijo.
Rosario Central fue un paso más allá. La tienda oficial del club le acercó camisetas originales para que las pusiera a la venta en su puesto, lo que le permitió reponer parte del capital perdido. “Tenemos hasta camisetas originales que los chicos de la tienda oficial de Rosario Central nos acercaron para que las pongamos a exhibir”, confirmó Marín en el video institucional.
Con la mercadería repuesta y el puesto en marcha nuevamente, el vendedor anunció que el local callejero pasará a llamarse Puesto Zona Canalla, en reconocimiento a quienes lo respaldaron. “En agradecimiento a toda la gente de Central y a todos los hinchas que se recoparon”, explicó.
Pero la historia tuvo todavía un capítulo más. Gracias al dinero reunido, Marín pudo comprarse su primer auto: un Chevrolet Agile Spirit blanco, adquirido en una agencia ubicada sobre avenida Alberdi al 100.
El objetivo de tener un vehículo propio era concreto: comenzar a hacer viajes con aplicaciones de transporte para no tener que llevar a su hijo a trabajar en la calle. “Gracias por confiar en nosotros y hacernos partícipe de tu alegría”, publicó la agencia en sus redes sociales al confirmar la operación.

Di María, al ser consultado sobre el desenlace, lo resumió con precisión: “Después de todo lo que pasaron y el momento feo que vivieron, terminó siendo muy lindo”, declaró en conferencia de prensa.
Mientras tanto, la Policía de Santa Fe detuvo a dos sospechosos vinculados al robo tras una persecución que culminó cuando la motocicleta en la que circulaban impactó contra un patrullero.
Uno de ellos fue trasladado al Hospital Provincial por traumatismos; el menor de edad que lo acompañaba recibió el alta en el lugar. Ambos fueron trasladados a la Comisaría 16ª y la moto, sin patente, quedó secuestrada.
Marín lleva cinco años trabajando en esa esquina. Empezó como malabarista y después montó el puesto de venta. “Este esfuerzo que hicimos con mi esposa fue el sacrificio de muchas asignaciones de mis hijos para poder subsistir un poco más, para poder sacar a mis hijos de la calle también”, dijo a través de La Red Rosario. El martes siguiente al robo, el puesto ya está abierto con toda la mercadería.



