En 1984, la NASA envió 3301 abejas al espacio para ver de qué eran capaces. Siete días después habían construido 200 cm² de hexágonos

En abril de 1984, mientras cinco astronautas del Challenger se preparaban para protagonizar la primera reparación de un satélite en órbita, unos pasajeros mucho más pequeños realizaban su propio experimento. 3.301 abejas viajaron durante siete días en microgravedad para comprobar si podían organizar una colmena y, sobre todo, construir sus característicos panales cuando desaparecía algo que en la Tierra siempre habían tenido como referencia: la gravedad. 

El comienzo fue accidentado, pero el resultado acabó siendo sorprendente.

3.300 abejas en el espacio. El experimento viajó en la misión STS-41C, que despegó el 6 de abril de 1984 y permaneció 6 días, 23 horas y 40 minutos en el espacio. Dentro, 3.301, alojadas junto a una reina en un módulo especialmente diseñado para mantenerlas vivas durante el vuelo.

La pregunta propuesta por el estudiante Dan Poskevich era sencilla pero difícil de responder en la Tierra: averiguar si las abejas podían construir un panal sin gravedad y, en caso afirmativo, si conservarían la estructura hexagonal que producen normalmente.

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