Personas rezan y encienden velas el día de la procesión anual de Nuestra Señora de la Caridad, patrona de Cuba, en La Habana, Cuba, el 8 de septiembre de 2025. REUTERS/Norlys Pérez

Las celebraciones por la Virgen de la Caridad del Cobre y la Virgen de Regla reunieron el 7 y 8 de septiembre a miles de cubanos que pidieron salud, protección y una salida a la crisis económica, en medio de apagones prolongados, escasez y dificultades en los servicios esenciales en la isla.

En las calles de Centro Habana, Carlos Trejo aguardaba noticias del nacimiento de su primera hija. El electricista, de 34 años, llevó una vela y una flor amarillas para rezar ante la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, conocida en Cuba como “Cachita”, mientras su esposa daba a luz en un hospital de La Habana.

“Vine a pedir por mi esposa”, dijo Trejo a la agencia AFP antes de sumarse al recorrido religioso. Para él, la expectativa por la llegada de su hija se cruza con la preocupación por un panorama cotidiano marcado por los cortes eléctricos y la falta de productos básicos.

“Todos sabemos cómo está la situación, pero hay que lidiar con eso” sin “abandonar la fe”, expresó. Desde enero, Cuba afronta una restricción al suministro de petróleo de Estados Unidos que agravó la crisis energética, según AFP.

La Virgen de la Caridad recorrió Centro Habana con un manto blanco

La procesión de “Cachita” atravesó calles del barrio capitalino entre rezos, aplausos y cantos. Católicos y practicantes de cultos afrocubanos acompañaron el paso de la imagen vestidos de amarillo y con girasoles, símbolos que identifican a la patrona de Cuba.

Algunos fieles llevaban muñecas que representan a la Virgen. Dentro de la religión yoruba, de raíz africana, la advocación católica se asocia con Oshún, deidad vinculada a los ríos, el amor y la fertilidad.

La imagen recorrió la zona sobre los hombros de los devotos, aunque esta vez estuvo cubierta por un manto blanco y no por el amarillo habitual. Ariel Suárez, secretario de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, explicó que el cambio representaba un “símbolo de paz”.

Las plegarias por la salud y el amparo familiar se mezclaron este año con reclamos por mejores condiciones de vida. Entre las preocupaciones de los asistentes aparecen la incertidumbre por la relación con Estados Unidos, la falta de alimentos y medicamentos, y la búsqueda de una salida para la economía cubana.

Cubanos participan en la procesión anual de Nuestra Señora de la Caridad, patrona de Cuba, en La Habana, Cuba, el 8 de septiembre de 2025. REUTERS/Norlys Pérez

Municipio recuperó la electricidad después de 40 horas sin servicio

Del otro lado de la bahía, la festividad de la Virgen de Regla congregó a cientos de personas en el municipio que lleva su nombre. La advocación se vincula con Yemayá, deidad de las aguas en el sincretismo religioso cubano.

La procesión fue más reducida que en años anteriores. El barrio había recuperado el suministro eléctrico tras 40 horas de apagón. “Gracias a la Virgen tenemos luz ahora y muchos aprovechan para cocinar”, afirmó Odalys Fernández, de 64 años.

Entre los asistentes estuvo Jessica Nápoles, una médica de 24 años que llegó a Regla pese a los problemas de transporte. Su pedido fue “salud, mucha salud, y que el pueblo cubano pueda salir de esta situación”.

Nápoles cumplió con el ritual de mojarse las manos en el mar, donde flotaban flores y frutas dejadas como ofrenda. La joven señaló el impacto de la escasez sobre los pacientes. “Todos estamos mal, pero el que está enfermo está aún peor”, lamentó.

Durante la celebración, una mujer gritó en agradecimiento porque su hija había recibido ese día una visa para España. La migración también estuvo presente en las conversaciones de los fieles: 2 millones de cubanos dejaron la isla en el último lustro, de acuerdo con AFP.

Una mujer reza cerca de las velas dejadas como ofrendas, antes de que la gente participe en una procesión en honor a la patrona de Cuba, Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, en La Habana, Cuba, el 8 de septiembre de 2026. REUTERS/Norlys Perez

La falta de empleo alimenta el deseo de emigrar y de permanecer en la isla

Yenis Grenot, de 49 años, trabajó durante 18 años en el turismo, hasta que perdió su empleo tras la caída del sector. Según relató, las sanciones estadounidenses forzaron la salida de varias compañías hoteleras internacionales de Cuba.

Ahora obtiene ingresos a partir de una pequeña venta de artículos de aseo en el portal de su casa. Pese a las dificultades, Grenot quiere continuar en el país. “Muchos queremos quedarnos aquí, pero queremos que todo cambie, que mejore”, dijo.