“La malvinización fue una buena táctica comunicacional”, fue una de las respuestas más elegidas en un sondeo a un panel de profesionales de comunicación: una palmada en la espalda de buena parte del sector de los consultores políticos y de comunicación de la Argentina para Santiago Caputo, el poderoso asesor sin cartera del presidente Javier Milei.
De las oficinas del “Mago del Kremlin”, salió la idea de sumar y que uno más uno dé tres: la ola de nacionalismo instalada en las redes sociales tras el triunfo de Argentina sobre Inglaterra en el Mundial y la “malvinización” resurgida en la opinión pública desde que Gonzalo “Cachete” Montiel y Giovanni Lo Celso levantaron la pancarta con la leyenda “Las Malvinas son argentinas”, que arrojó un hincha argentino en Atlanta, fue el telón de fondo.
La protesta de los jugadores de la Selección, a la que siguió la derrota argentina ante España, con la insólita ola de teorías sobre una presunta conspiración mundial antiargentina, fue el condimento explosivo.
Pero el detonante de la explosión malvinizadora fue que Caputo convenció a Milei de que el presidente Donald Trump podría estar cambiando la posición tradicional en la alianza histórica de Estados Unidos con el Reino Unido cuando, muy enojado con Londres por su falta de apoyo en la guerra con Irán, amenazó con que eventualmente podría rever la postura tradicional de Washington para pasar a apoyar activamente la posición argentina en el reclamo sobre la soberanía de las islas.

Desde esa táctica comunicacional exitosa, el Presidente logró, en buena medida, recuperar una agenda política y mediática que estaba perdiendo a manos de la creciente impaciencia de la opinión pública con la falta de “derrame” de su plan económico, según venían mostrando todas las encuestas desde principios de año.
Pero Caputo también logró convencer a Milei de que cambiara su posición oficial anterior, que postulaba que los “kelpers” debían convencerse por sí solos de que debían hacerse argentinos y que eso pasaría cuando vieran que la Argentina se volvía una potencia próspera.
La nueva postura oficial, expresada por el Presidente en la cadena nacional del viernes de la semana anterior, ahora acusa a los ingleses y a los habitantes de las islas de invasores.

¿Pero la malvinización alcanza para tender un puente hasta el momento en que las reformas económicas libertarias lleguen a la mayoría de la población? O, la pregunta más inquietante: ¿alcanza para asegurarle a Milei una reelección de la que las primeras encuestas preelectorales ya empezaban a dudar?
En el panel de 78 profesionales de comunicación, consultores políticos, encuestadores y ejecutivos de comunicación empresaria convocado por la revista Imagen, el 42 por ciento contestó, ante opciones múltiples, que fue una buena táctica la instalación del tema Malvinas.
Pero la respuesta más elegida —con el 44 por ciento— formula una advertencia para la estrategia de comunicación “malvinera” del gobierno libertario: “Malvinas no era un tema y se notará que ‘malviniza’ para distraer sobre la economía”.

De hecho, ante la pregunta concreta de si el tema Malvinas “puede ayudar a Milei a tender un puente hasta que mejore la percepción sobre su plan económico”, solo un tercio está de acuerdo con que la “malvinización” puede ayudar a mejorar la percepción de los resultados del plan económico. El 37 por ciento de los profesionales de comunicación coincide con la frase “Malvinas no se come y en poco tiempo el foco vuelve a la economía”. Incluso, otro 20 por ciento cree que se trató de “un anuncio oportunista que terminará jugándole en contra”.
Pero aquí está lo más relevante para las tácticas que está elaborando Caputo para ayudar a Milei a recuperar potencial electoral: la pregunta de si los anuncios de Milei en torno al tema Malvinas mejorarán sustancialmente las probabilidades de reelección del líder libertario también arroja advertencias de los colegas del “Mago del Kremlin” de que la malvinización podría ser insuficiente.
Más del 38 por ciento cree que “es difícil que la malvinización aguante hasta las elecciones”; también parten de la base de que no será fácil sostener todo un año el tema en el “tope de la agenda” sin que se entrometa otra vez la economía. Otro 21 por ciento cree que incluso le puede jugar en contra y puede terminar siendo percibido como un “gesto desesperado”.
De hecho, la tragedia de la inútil guerra de las Malvinas, en 1982, estalló cuando el general Leopoldo Galtieri interpretó —fatalmente equivocado— que el republicano Ronald Reagan apoyaba tanto al régimen militar argentino que terminaría avalando la toma militar de Malvinas en contra de su histórico aliado, Gran Bretaña, con el que había peleado dos guerras mundiales.
Galtieri ni se esforzó por disimular que atacaba para dejar atrás las protestas sindicales que habían ocurrido en la Plaza de Mayo apenas 72 horas antes: la plaza de Malvinas fue un éxito rotundo y superó a la protesta popular. Pero el régimen militar cayó a causa de la derrota y debió convocar a elecciones: en la escuela, los argentinos aprenden que detrás de esa guerra había una táctica desesperada de un régimen militar sangriento al que —además— le estaba fallando el plan económico.

Que los argentinos “no comen vidrio” ya se está notando en las primeras encuestas de opinión pública general a nivel nacional que buscaron indagar hasta qué punto el tema Malvinas cambió la visión popular sobre el gobierno de Milei, que ya no venía bien en los sondeos.
La encuestadora Management & Fit recogió que el 61 por ciento de los argentinos cree que se trató de “conveniencia política” cuando confrontó a los encuestados con el dato de que, el viernes 4 de septiembre, en la cadena de radio y TV, Milei presentó un cambio de posición frente a lo que había expresado en 2024 en una entrevista con la cadena británica BBC.

Solo el 25 por ciento dijo que Milei lo hacía “por convicción”: es una advertencia para el “Mago del Kremlin” de que la malvinización podría ser insuficiente para lograr la meta de la reelección. Pero, mirando el cruce de datos de la encuestadora fundada por el cordobés Guillermo Seita y la marplatense Mariel Fornoni, se desprende que, de los que aprueban la gestión de Milei, hay un 26 por ciento que cree que cambió su discurso sobre Malvinas “por conveniencia política”.
Por el contrario, apenas el 3 por ciento de los que desaprueban a Milei cree que la conversión “malvinera” del libertario es por genuina convicción: el “saldo” de la exitosa táctica malvinizadora de Caputo es negativo, según la encuesta de Management —en coincidencia con la visión de los expertos en el panel de comunicadores—, porque arriesgaría muchos más potenciales votantes que los que podría ganar.


