El Pirata Czornomaz y las imágenes de sus pasos por San Lorenzo e Independiente

Adrián Czornomaz terminó hace unos días su último ciclo como entrenador de Argentino de Quilmes. Había asumido en la novena fecha, cuando el equipo estaba a un punto del último, Ituzaingó, en zona de descenso directo, y consiguió cambiar el escenario con una campaña que incluyó una racha de diez partidos sin perder. Sin embargo, después de tres derrotas y ante la falta de confianza de los dirigentes, decidió dar un paso al costado. “Ya casi sin el objetivo de poder entrar al reducido, me parecía que era lo mejor descomprimir la situación”, explica el hombre de 58 años.

Antes de convertirse en el máximo goleador de la Primera B Nacional con 160 goles, Czornomaz cumplió el sueño de jugar en Independiente, club del cual es hincha. Fue promovido a Primera por Jorge “Indio” Solari, y compartió plantel con Ricardo Bochini (su máximo ídolo), en un equipo que recuerda entre los más destacados de su carrera. Después de irse joven a Cobreloa (Chile), donde marcó 35 goles y fue goleador del torneo chileno, regresó al fútbol argentino para jugar en San Lorenzo. Allí se sintió titular. Fue muy querido por la gente y conquistó la Liguilla de 1991. Su carrera también incluyó pasos por Rapid Viena de Austria, Universitario y Sporting Cristal de Perú, Tigres de México y numerosos clubes argentinos.

A los 38 años, mientras jugaba en Talleres de Escalada, el Pirata entendió que había llegado el momento de dejar el fútbol. La pelota seguía siendo su lugar, pero empezó a notar que estaba a destiempo con sus compañeros. Como ya era entrenador recibido, decidió comenzar una nueva etapa: primero trabajó junto a Pancho Martínez en Quilmes y luego acompañó a Leonardo Madelón en Rosario Central, donde lograron salvar al equipo del descenso. Después integró otros cuerpos técnicos y finalmente comenzó su camino como DT principal.

La pandemia también lo obligó a buscar una alternativa lejos del fútbol. Czornomaz fue dueño de una agencia de quiniela y, cuando se habilitó nuevamente la actividad, el empleado que trabajaba allí no podía regresar porque había sufrido un accidente y él se tuvo que hacer cargo. Así, el ex goleador atendió personalmente la agencia durante casi un año, o incluso más, hasta que su empleado pudo volver. Además, contó que también vendió seguros de auto, de casa y ART. “Es lindo vivir del fútbol, pero en esta profesión, que es un poco inestable, siempre es bueno tener algún trabajo o algún ingreso que te permita, cuando no tenés fútbol, seguir viviendo de la misma manera”, remarca en diálogo con Infobae.

- ¿Qué de tu vida, Adrián?

-Hasta la semana pasada estuve dirigiendo a Argentino de Quilmes, en el torneo de la B Metropolitana. Hicimos una campaña bastante buena, peleando el descenso desde que asumimos en la novena fecha. Quedamos ahora a seis del anteúltimo, que es el último que se va, y ante la duda de los dirigentes y después de tres derrotas, la falta de confianza hizo que me fuera del equipo. Así que, ya casi sin el objetivo de poder entrar al reducido, me parecía que era lo mejor descomprimir la situación y dar un paso al costado. El balance ha sido bueno. El plantel, la verdad, es un plantel lindo para trabajar, con una predisposición enorme a mejorar. Por momentos, lo logramos: tuvimos diez partidos sin perder, competimos contra los que van hoy en día en la primera posición, empatamos los dos partidos con Excursionistas, le ganamos los dos partidos a Arsenal, así que creo que fue una buena experiencia y, lamentablemente, no la pudimos llevar a término. Pero, bueno, creo que con los puntos que ahora hay de diferencia entre nosotros, entre Argentino de Quilmes y el anteúltimo, sumando algunos puntitos más el equipo va a terminar tranquilamente la temporada.

- ¿Te preocupa la falta de estabilidad que sufren los técnicos tanto en Primera como en el Ascenso?

- La verdad es que los técnicos estamos acostumbrados un poco a que esto pase. Lamentablemente, a veces no creo que se evalúe todo el trabajo, el profesionalismo, el cómo te llevás con el plantel. Hay muchas situaciones que denotan o que terminan en una salida del cuerpo técnico. Pero, bueno, los dirigentes lo único que analizan es el resultado, y eso lleva a que los procesos no se puedan terminar o no lleguen a buen término. Y sí, la verdad es que no solo pasa en Primera, sino que en todas las categorías. Es como que se da una normalidad en la que el técnico es el primer fusible, ¿viste? Y, bueno, es como que ya nos estamos acostumbrando a eso.

- ¿Siempre fue así o había un poco más de paciencia cuando fuiste futbolista del Ascenso?

- No, yo creo que antes había un poco más de paciencia. Por supuesto que siempre igual era el técnico el que salía, porque no podías echar a 30 jugadores, ¿viste? Pero hoy creo que está todo más en ebullición y más explosivo por el tema de las redes sociales. Les dan mucha bola a las redes sociales. Los periodistas partidarios también hacen su juego. Es decir, hay mucha más notoriedad, mucha más publicidad, más información y, bueno, la verdad es que todo eso lleva. A veces me pongo en la cabeza de los dirigentes y, si no son por ahí dirigentes que están con muchos años en el club o saben mucho de fútbol, a veces los llevan a tomar decisiones apresuradas. No puede ser que los clubes tengan tres técnicos, cuatro en una temporada. Eso es muy malo.

- ¿Tenés ganas de seguir trabajando de entrenador o vas a parar un tiempo?

-No, no, las ganas siempre están porque es lo que me gusta, me apasiona. Así que, como dije, creo que en estos últimos años hemos hecho una... Llegamos a la final hace dos años con Argentino de Quilmes, a jugar una final por el ascenso con Los Andes. El año pasado hicimos una buena campaña con Comunicaciones. Esta, para mí, es una buena campaña con un equipo con el que vinimos a pelear el descenso. Y ya te digo, en una rueda hicimos 31 puntos, lo que significa que por ahí en dos ruedas tendríamos que hacer 62, y con eso, con 62 puntos seguro entrás a reducido. Así que sí, tengo ganas de seguir trabajando.

- ¿Qué entrenadores te marcaron en tu carrera para que, con el tiempo, después te transformaras en director técnico?

-Mirá, el primero que me marcó fue el Indio Jorge Solari en Independiente, porque hacía entrenamientos muy modernos, casi todo con pelota, algo a lo que no estábamos acostumbrados. Después lo tuve a Eduardo Lucas Manera, que también fue muy grande; a Humberto Zucarelli, que tenía su manera de trabajar y de estar con el jugador. Y, bueno, a Jorge Ginarte también lo quiero nombrar, porque en la gestión del grupo y en estar cerca del jugador fue uno de los que más me marcó.

- ¿Quién te hizo debutar en Primera?

-Solari. Fue el primero que me llevó de las Inferiores a Primera y, más allá del agradecimiento por haberme visto y por darme la oportunidad de jugar en el club de mis amores, del que soy hincha, con mi ídolo Bochini, los entrenamientos eran muy buenos, uno aprendía mucho. Entonces, ese fue un técnico que me marcó de verdad.

- ¿Cómo fue jugar con el Bocha? Porque son pocos los que tuvieron el placer de jugar con Bochini...

-La verdad es que fue fenomenal, un extraordinario jugador de fútbol. Con todo lo introvertido que era fuera de la cancha, adentro de la cancha era maravilloso. Entendía todo: cuándo pasar la pelota, cuándo tenerla, ocupar los espacios en los que no había nadie, tirarte siempre un pase a favor del compañero. Lo que hacía él era determinante y era muy lindo a la vista. Yo creo que eso fue cambiando a medida que pasaron los años. Esa clase de jugadores no están apareciendo mucho, esa clase de jugadores que son conductores y que no son los que hacen los goles, sino los que producen el gol, ¿no?

Además e ser cabeza de cuerpo técnico, trabajó con Pancho Martínez, el Ruso Zielinski y Leo Madelón

- ¿Integraste el mejor Independiente de la historia?

-No sé si el mejor. Fue uno de los que más lindo jugaba. Yo no era titular, pero jugué muchos partidos, hice cuatro goles en ese torneo. Sí, jugaron campeones del mundo. Bueno, estaba el Bocha, el mediocampo era Bochini, Insúa, Ludueña, Bianco, Giusti. Y, bueno, la verdad que ese mediocampo hacía hacer muchos goles. Alfaro Moreno. Bueno, todos grandes, grandísimos jugadores.

- Un Independiente completamente distinto al de ahora, ¿no?

- Sí, la verdad que yo soy hincha de Independiente y, bueno, mi infancia fue llena de Copa Libertadores, campeonatos mundiales. Después, tuve la suerte de yo jugar y haber ganado otro campeonato, haber jugado también Copa Libertadores, porque con ese equipo se salió campeón, fue el torneo del 88/89. Y la verdad es que, a través de los años, solo se lograron estas dos últimas Sudamericanas, las del 2010 y 2017. Ya pasaron 20 años del último título local y cuesta, como hincha de Independiente, tener que reconocer esa cuestión. A medida que pasaron los años, siempre fue difícil armar equipos. A veces, en la parte económica se ha sufrido mucho y esperemos que eso empiece a cambiar para que nuestros hijos puedan verlo campeón más seguido, como cuando yo era pibe.

- ¿Es cierto que en el Ascenso firmaste un contrato con premio por cada gol que convertías?

- Sí. En mis contratos solía agregar premio por gol. Entonces me pagaban 100 pesos por gol y si llegaba a 20 goles me empezaban a pagar 500 pesos por cada uno, porque ya estábamos en la zona definitoria del torneo. A veces era generoso y compartía mi premio con los que me tiraban el centro atrás y yo solo la tenía que empujarla. Fue de más grande, cuando ya era goleador.

- Por eso te convertiste en el máximo goleador de la historia de la Primera B Nacional con 160 goles, impresionante.

- Sí. Siempre, por ahí, repito con modestia, ¿no?, que ese récord no se va a batir nunca, porque hoy los chicos que convierten 15, 20 goles en ese torneo, o se van a jugar a Primera o se van a jugar a algún país de Sudamérica o de América. Hoy todos los mercados se han abierto mucho, se van a Asia, a los países europeos, por ahí que no son potencia, pero todos tienen mercado. Y, bueno, cuando te destacás en el fútbol argentino, que es uno de los mejores del mundo.

- Te vinieron a buscar de Chile. ¿Fue tu primera experiencia Cobreloa luego de Independiente? ¿Por qué te fuiste del Rojo?

-Sí, ¿viste? Porque cuando tenés 21 años creés que te vas a ir y vas a volver rápido. Y la verdad es que era parte del plantel campeón, sentía que había hecho goles y que merecía jugar. Y, bueno, por supuesto que ese equipo campeón iba a jugar la Copa Libertadores y empezaron a traer otros delanteros, delanteros más de nombre, y yo veía que por ahí iba a estar tapado. Y apareció esta posibilidad. Económicamente era muy ventajosa para mí en ese momento y pensé que, haciendo muchos goles en Chile, iba a tener la posibilidad de volver. Pero me vendieron, no es que me mandaron a préstamo; no se usaba eso del préstamo en aquellos tiempos. Y la verdad es que no decidí mal porque fui a Cobreloa, salí goleador del torneo, hice 35 goles, y con eso volví al fútbol argentino. Pero volví a San Lorenzo. En vez de volver a Independiente, volví a San Lorenzo, y la verdad es que también tuve la suerte de que me fuera bien e hiciera muchos goles con esa camiseta. Con un gran equipo, ganamos la Liguilla del 91. Con una hinchada increíble y con un equipo muy batallador, que jugaba bien, hacía goles. La verdad es que jugaba muy bien ese equipo. Jugaban Leo Rodríguez y el Toto García, ellos eran los conductores de ese equipo. Y la verdad es que ahí sí me sentí titular, me sentí muy bien con la gente y todos tienen un gran recuerdo de mi paso por ese equipo.

- ¿Estuviste a punto de ir preso, puede ser?

- No, de ir preso no, pero sí tuve miedo. De San Lorenzo me vendieron al Rapid de Viena de Austria, un equipo muy grande de allá, uno de los más grandes. Pero bueno, a la dirigencia austriaca de ese momento, al parecer, la acusaban de haber lavado dinero con el pase, con la compra del pase. Y, bueno, tuvieron una investigación esos dirigentes, que me afectó a mí también en lo futbolístico, porque, bueno, tuve que... Me vinieron a buscar de la Embajada Argentina para hacer una declaración ante la CIA. Estaban investigando a estos dirigentes que habían comprado mi pase. Y, bueno, eso afectó mi rendimiento. Además esos dirigentes al final terminaron procesados, investigados, y se tuvieron que ir del club. Y la nueva dirigencia, por supuesto, no quería que yo estuviera. Entonces, terminó afectando mucho mi paso por el fútbol austríaco.

- Luego estuviste en Perú, en México y en Argentina jugaste en muchos clubes.

- Jugué en realidad en 20 clubes. Estuve en Perú, donde realmente me fue muy bien. Ahí sí me sentí ídolo, porque esa era la diferencia: caminando por la calle, por ahí había gente que me pedía una foto, iba a comer a un restaurante y me invitaban. Entonces, realmente, ahí en Universitario de Perú me sentí muy, muy reconocido. Y después en Sporting Cristal también, porque llegamos a jugar la final de la Copa Libertadores con ese equipo, con Cruzeiro en Brasil. Empatamos 0 a 0 en Lima y se perdió 1 a 0 en Brasil. Así que también fue un buen paso por Perú. Y después también jugué en México, fue una carrera muy linda. Pasé por muchas provincias acá en Argentina. No me arrepiento de nada.

- ¿Cuál considerás que fue tu mejor momento?

- Tuve momentos lindos en Perú, fue algo muy lindo lo que viví. Bueno, en Independiente también, por jugar en el equipo del que sos hincha, siempre sentís una emoción diferente, ¿viste? Y después, bueno, tuve grandes pasos por All Boys, por Los Andes, por Atlético Tucumán, en donde hice muchos goles y donde la gente siempre me reconoce. Pero lo más lindo de todo es cuando volvés a alguno de los clubes por los que pasaste, por los que jugaste, y todavía hay gente de aquellos tiempos que te recibe con un abrazo, con algo, con un gesto lindo, ¿viste? Como que te sentís reconocido, no como jugador, sino como gente. Entonces, eso es lo que más me deja tranquilo y me hace bien.

- ¿Por qué te retiraste y a qué edad?

- Mirá, me retiré a los 38 años. Y estaba en Talleres de Escalada. Llega un momento en el que vos decís: hago el movimiento como delantero y el volante te la da tarde. Te la da dos, tres segundos tarde y te deja en offside. O hago el movimiento y, en vez de dármela donde la pedí, me la daban por ahí dos metros atrás. Y, bueno, yo quería hacer un pase y tampoco lo entendía. Entonces, me di cuenta de que o era yo o eran mis compañeros los que por ahí no lo entendíamos. Y verdaderamente saqué en conclusión que era yo. Entonces, estaba a destiempo de mis compañeros. Estaba yo muy lento, o ellos muy rápido; yo muy rápido de la cabeza y ellos muy rápido de piernas. Y entonces pensé que lo mejor era dar un paso al costado. Ya era técnico recibido y me fui al club Quilmes con Pancho Martínez, que hoy es el técnico de Tristán Suárez. Y juntos dirigimos la Reserva y la Cuarta de Quilmes, en el año 2007. Y, bueno, ahí empecé mi carrera como director técnico. Después, me llamó Madelón para ir a Rosario Central a pelear el descenso y salvamos al equipo. Estuve 10 años con Madelón, después estuve con el Ruso Zielinski, después empecé a dirigir yo.

- Pero siempre estuviste vinculado al fútbol. ¿Hubo un momento en el que atendiste una agencia de quiniela?

-Sí, la verdad es que en la pandemia, como no había fútbol y estábamos sin trabajo, yo era dueño de una agencia de quiniela. Y tuvimos la desgracia de que el empleado que trabajaba en la agencia tuviera un accidente y, bueno, cuando se habilitó para volver a trabajar, no tenía empleado. Entonces, sí, es verdad que la trabajé yo durante casi un año o más de un año hasta que volvió el empleado.

-¿La seguís teniendo?

-No, la agencia de quiniela se vendió. Y sí, también vendí seguros, porque no siempre el fútbol es muy rentable. Vendía seguros de auto, de casa, ART, todo eso.

- Te la rebuscaste siempre.

- En algún momento. Sí, sí, sí, siempre. Siempre yo digo lo mismo, ¿no? Es lindo vivir del fútbol, pero en esta profesión, que es un poco inestable, siempre es bueno tener algún trabajo o algún ingreso que te permita, cuando no tenés fútbol, seguir viviendo de la misma manera.