Fotografía de Mary Austin y Freddie Mercury. (Grosby)

No hay muchos fans de Queen que conozcan el nombre de Mary Austin, pero esta mujer fue una de las personas más importantes del entorno de la banda durante muchos años. Fue novia, prometida, asistente personal y confidente de Freddie Mercury durante dos décadas, y la única persona en quien el cantante dijo que podía “confiar plenamente”. Ahora, a sus 75 años, ha hablado por primera vez con profundidad sobre esa relación en una entrevista con el periódico británico The Guardian.

Austin no solo fue el gran apoyo de Freddie Mercury: también fue la depositaria de buena parte de su patrimonio tras su muerte. El cantante le dejó en herencia la mitad de su fortuna y su casa de Kensington, Garden Lodge, antes incluso de morir. Lo que entonces valía entre 30 o 35 millones de euros ha crecido hasta alcanzar los 174 millones. Las razones de ese aumento son varias, y una de las principales es la teoría de que, tras la muerte de los padres del vocalista, sus derechos sobre las canciones que compuso su expareja pasaron del 50 al 75%, si bien ella ha desmentido que eso sea así.

Todo eso lo recoge en Freddie Mercury: A Life in Lyrics, el libro que se ha publicado en el mercado anglosajón esta semana (justo cuando Mercury habría cumplido 80 años) y que combina letras manuscritas, fotografías inéditas de su archivo personal y los recuerdos de Austin sobre cómo nacieron algunas de las canciones más célebres de Queen.

Cubierta de 'Freddie Mercury: A life in lyrics', de Mary Austin. (Harper Collins)

“Creo que eres gay”

Mary Austin y Freddie Mercury se conocieron en 1970, en la casa de estudiantes de Brian May, cuando Mercury, May y Roger Taylor debatían el nombre para su nueva banda. Ella era amiga de May y presenció en primera persona ese histórico momento en el que Mercury propuso Queen. “Me preguntaron qué pensaba”, recuerda. “Dije que prefería Build Your Own Boat”.

Su primera impresión del cantante no fue precisamente deslumbrante. “Pensé que era demasiado seguro de sí mismo para mí”, dice al periódico británico. Lo recuerda de pie junto a la chimenea, lleno de bravuconería, mientras ella se refugiaba en una revista para no sentirse fuera de lugar. Sin embargo, pronto empezarían a salir juntos y, cuatro meses después, Mercury le propuso que se mudaran juntos, en parte, admite ella, por razones prácticas: él quería vivir en Londres y no podía pagar el alquiler solo.

Lo que los unió de verdad fue algo más profundo que la atracción. Ambos sentían que les habían robado la infancia: Mercury fue enviado a un internado británico cerca de Bombay a los siete años y no vio a sus padres más que una vez en los siete años siguientes; Austin perdió a su madre a los 15 y tuvo que criar a sus hermanas menores. “Freddie podía ver en mí la tristeza que él mismo sentía, y viceversa”, dice ella.

La ruptura sentimental llegó cuando Mercury le confesó su homosexualidad. “Me dijo: ‘Creo que soy bisexual’. Yo le respondí: ‘No, Freddie, creo que eres gay’”. Él no discutió. Lejos de ser un golpe devastador, Austin lo describe como un alivio. “Estaba muy estresada. Y de repente dejé de estarlo”. Durante 18 meses más siguieron viviendo juntos, y ella pasó a ser su asistente personal: “Me convertí en su chica para todo. La señorita fiable. Su mula de carga”.

(Grosby)

La herencia y todo lo que trajo consigo

Mercury fue explícito con Austin mucho antes de morir: le dijo que heredaría Garden Lodge y el 50% de su fortuna y sus regalías futuras. Ella intentó rechazarlo. “Le dije que no quería la casa, que había trabajado mucho para que él viviera en ella. Y él me respondió: ‘si todo hubiera salido según lo planeado, habrías sido mi esposa, y esto habría sido tuyo de pleno derecho”. Austin acabó aceptando.

Pero, tal y como le advirtió el vocalista, la herencia no llegó exenta de problemas. Jim Hutton, pareja de Mercury en sus últimos años, recibió 500.000 libras y fue informado de que debía abandonar Garden Lodge tres meses después de la muerte del cantante para que Austin pudiera instalarse, algo de lo que la culpó públicamente hasta su muerte en 2010. “No tuvo nada que ver conmigo. Todo dependía de los albaceas del testamento”, se ha defendido ella en The Guardian.

Por otro lado, la tensión con la familia biológica de Mercury siempre ha estado ahí. No vieron con buenos ojos, por ejemplo, que en 2023 decidiera subastar parte de los objetos personales que Austin heredó del cantante. De hecho, se cree que la hermana del vocalista, Kashmira Bulsara, gastó cerca de tres millones y medio de euros para quedarse con algunos de esos artículos por ser recuerdos familiares. “Contactamos con ella antes para preguntarle si quería algo”, ha asegurado Austin, quien también ha hablado del lugar secreto en el que esparció las cenizas del cantante. “Si yo fuera la familia de Freddie y no me dejaran saber dónde están sus cenizas, estaría disgustada. Pero ese fue el trabajo que él me pidió que hiciera”.

Lo cierto es que Austin ha tratado varias veces de vender parte de la herencia, incluyendo la mansión en la que vive. Preguntada por si recibir el patrimonio de Mercury fue una bendición o una maldición, su respuesta ha sido directa: “En su mayor parte, ha sido realmente difícil”. Y cuando se le pide que nombre el gasto más extravagante que se ha permitido, la respuesta lo dice todo sobre su matrimonio con su exmarido. “Le compré dos Ferrari a mi marido”, dice con un deje de desdén. ¿Él pidió el segundo? Preguntan en The Guardian. “Sí. Y yo pensé: ‘puedes tenerlo, pero tienes que irte’”.