"Los vecinos ya no pueden más": un barrio de Badajoz se ha declarado en guerra contra las palomas

Josefa González Moreno friega su alfombra de entrada cada dos días porque, al pisar la calle, se lleva los excrementos de paloma hasta dentro de casa. En la esquina de Bravo Murillo y Benegas, en el Casco Antiguo de Badajoz, no es la única: varios vecinos han aprendido trucos caseros —lejía con jabón, desengrasantes industriales— para levantar el blanco de las deposiciones de aceras, balcones y fachadas. Más abajo, decenas de aves anidan en sus huecos y cornisas. A pocas calles, en la Ronda del Pilar, un solar pendiente de construcción cumple la misma función junto a un semáforo.

Desde el pasado mayo, un grupo de residentes de la calle Virgen de la Soledad reclamaba una solución. El año pasado ya retiraron más de 2.500 ante lo que consideraban una plaga en ciernes. "Yo friego la calle", reconoce María García Amaya, mientras su marido, Aureliano Gómez, añade que el problema ya no es solo el olor: los nidos en su tejado han movido tejas y provocado goteras que les han obligado a llamar a un albañil. Así que los vecinos han tomado armas en el asunto.

Las ratas del aire. La proliferación de palomas es un problema grave en toda Badajoz, pero en el Casco Antiguo es más visible porque hay muchos edificios vacíos convertidos en palomares. Al tratarse de casas bajas, los excrementos invaden aceras y entradas de las viviendas.

Tras meses de quejas, los residentes de Bravo Murillo lograron que los operarios de FCC realizaran una limpieza con máquinas especiales, pero apenas unas horas después la calle ya estaba salpicada de nuevo. Armando González Sama, vecino que ha canalizado las reclamaciones ante el Ayuntamiento, explica que le han confirmado la instalación de jaulas de captura en la zona, pero que "por ahora no notamos mejoría y esto es insoportable".

Tres edificios vacíos. El que hace esquina con Benegas, que era del Obispado y fue vendido; el de Cáritas (antiguo refugio para personas sin hogar), también adquirido por un particular; y el inmueble en el cruce con Eugenio Hermoso, que es del Ayuntamiento y lleva años pendiente de un proyecto de vivienda. Los tres son enormes palomares.

En el primero, las palomas anidan detrás de máquinas de aire acondicionado; los vecinos de justo debajo ven su fachada y entrada repletas de deposiciones, y desde los balcones de la segunda planta incluso se ven ejemplares muertos. "Es una situación tremenda e insufrible, sobre todo por el olor. Cuando llueve se revuelve y estamos plagados de suciedad en las fachadas", lamenta Laura Amaya, que vive enfrente. 

El runrún. Además de la suciedad y los daños, las palomas son un problema de ruido: hay tantas que desde las cinco de la mañana muchos vecinos se despiertan con su arrullo, que puede alcanzar entre 40 y 70 dB según las condiciones de medición. El Ayuntamiento de Badajoz reveló que había atrapado a 1.100 aves en nueve meses y ni así. 

En junio, a propuesta de Vox, el pleno municipal aprobó elaborar un plan de gestión y control con medidas preventivas y correctoras, cuyo objetivo era "implantar sistemas eficaces de control poblacional, así como realizar balances periódicos y ponerlos a disposición de los ciudadanos". El Ayuntamiento tenía dos meses para presentarlo, pero sigue sin estar listo.

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