Luis Scola lleva seis años sin jugar al básquet, pero está lejos de sentir que su historia terminó. A los 46 años, el excapitán de la Selección argentina atraviesa una etapa diferente: está instalado en Italia, es CEO y accionista del club en el que terminó su carrera y busca nuevos desafíos. Ya no hay partidos, estadísticas ni títulos en juego, pero su manera de afrontar la vida sigue siendo prácticamente la misma.
“Mi vida sigue por el mismo camino. Solo que no está expuesto, no se ve, la gente no lo conoce”, explicó en una entrevista con Leo Montero en “Random”. Para Scola, retirarse no significó bajar la persiana, sino cambiar de escenario: después de dedicar décadas al básquet, ahora intenta encontrar nuevos objetivos y volver a ponerse a prueba.
Scola y una obsesión que no cambió después del retiro
Hay algo que el tiempo no modificó. Scola reconoce que siempre tuvo una característica muy marcada: quiere hacer bien aquello que decide emprender.
“Yo siempre, en todo, quiero ser el mejor”, aseguró. No lo dice desde la idea de que efectivamente haya sido el mejor en todo lo que hizo, sino como una manera de afrontar cada desafío. Hay actividades que no le interesan demasiado y otras en las que se involucra por completo. En esas últimas, su objetivo es exigirse al máximo.

Esa mentalidad también explica su presente. Como dirigente del Pallacanestro Varese, ya no tiene que preparar un partido ni pensar en puntos, rebotes o victorias. Ahora se ocupa de cuestiones que van desde el marketing y los tickets hasta el sector juvenil del club. Para él, esa amplitud es justamente parte del aprendizaje de esta etapa.
Y hay un desafío que todavía aparece en el horizonte: volver a la NBA.
El sueño de regresar a la NBA, pero desde otro lugar
Scola no oculta su admiración por la liga estadounidense. “Soy muy fan de la NBA, muy fan”, reconoció. Y cuando Montero le preguntó si se imaginaba trabajando nuevamente allí, fue contundente: “A mí me gustaría trabajar en la NBA. Yo creo que sería un buen lugar para mí”.
No se imagina necesariamente llegando para tener un cargo de enorme responsabilidad. Todo lo contrario. Entiende que debería empezar desde un lugar más específico, aprender cómo funcionan las estructuras y aprovechar esa experiencia para, eventualmente, asumir un rol mayor.
“Hay que tomarse su tiempo para estar preparado porque te viene la oportunidad y querés que te vaya bien, porque si no después por ahí no te viene más”, explicó.

Mientras tanto, considera que su trabajo actual en Italia le permite aprender más porque tiene participación en distintas áreas. La decisión, además, tiene un componente familiar: su familia se adaptó a Italia y tenía ganas de quedarse en un lugar después de tantos años de viajes y mudanzas.
Houston, su lugar en la NBA
De todos los equipos en los que jugó en Estados Unidos, hay uno que ocupa un lugar especial: Houston Rockets.
Allí asegura haber vivido sus mejores momentos en la liga, especialmente durante sus primeros años, cuando atravesaba el período que considera su mejor versión como jugador. También recordó con cariño sus pasos por Indiana y Toronto, donde llegó a disputar una final de conferencia, pero su identificación con Houston permanece intacta.
Su mirada sobre aquella etapa, sin embargo, vuelve a mostrar una de las características que lo acompañaron durante toda su carrera: no quedarse demasiado tiempo mirando hacia atrás.
Scola contó que prácticamente nunca vuelve a ver sus partidos. Ni siquiera revisó la final olímpica que disputó con la Selección. No porque reniegue de lo conseguido, sino porque entiende que una vez que un objetivo fue alcanzado hay que buscar el siguiente. “Vos seguís buscando la próxima historia, el próximo recuerdo, el próximo logro”, resumió.
“Siempre vas a perder más de lo que vas a ganar”: la particular filosofía de Scola
Uno de los momentos más interesantes de la entrevista apareció cuando Montero le planteó una frase habitual en el deporte: “Para ser un ganador primero hay que saber perder”.

Scola no coincidió exactamente con esa idea. Para él, el punto de partida es aceptar que nadie puede ganar siempre.
“Siempre perdés más de lo que ganás. Si vos no sabés lidiar con eso, es muy difícil que puedas tener una carrera exitosa, un equipo, una, lo que sea”, explicó.
Incluso encontró una referencia en Roger Federer. El tenista suizo, según recordó, alguna vez explicó que incluso siendo número uno había ganado apenas algo más de la mitad de los puntos que disputó. Para Scola, esa estadística sirve para entender que la derrota no es una excepción: forma parte de cualquier carrera exitosa.
Pero hay algo más. El exjugador cree que perder también puede ser una herramienta para mejorar. “La derrota te ayuda, te da algunas cosas”, sostuvo. Según su experiencia, la victoria puede generar satisfacción y cierta complacencia, mientras que una derrota suele provocar bronca, hambre, revancha y ganas de mejorar. Por eso considera que aprender a convivir con perder es fundamental para sostenerse en el tiempo.
Cuando se reían de su sueño de jugar en la NBA
Quizás uno de los relatos más personales de la charla apareció cuando Scola recordó su adolescencia.
Cuando era chico y jugaba en Ferro, soñaba con llegar a la NBA. El problema era que, en aquella época, la posibilidad parecía prácticamente imposible. Según contó, algunas personas se reían cuando escuchaban su objetivo. “Dijeron que era ridículo”, recordó.
Por eso comenzó a modificar la manera en la que hablaba de sus sueños. Decía que quería jugar en Europa porque era algo que veía más cercano y posible. Había jugadores de su generación que ya habían dado ese paso y, entonces, el objetivo parecía menos disparatado.
Con el tiempo, aquella transformación fue mucho más profunda. “Primero dejó de ser ridículo, después dejó de ser un sueño. Después dejó de ser un objetivo. Después pasó a ser el próximo paso. Después pasó a ser mi día a día”, relató.
La familia, por encima de todos los títulos
Cuando Montero le propuso armar el podio de su vida, Scola no dudó. El oro fue para su familia. Después ubicó su carrera de básquet y, dentro de ella, dos momentos muy especiales: haber llevado la bandera argentina en un Juego Olímpico y la medalla de oro conseguida en Atenas 2004.
La respuesta muestra una jerarquía clara. Los logros deportivos fueron enormes, pero no ocupan el primer lugar. En su vida personal lleva décadas junto a Pamela, a quien conoce desde la adolescencia. Durante la charla contó que están juntos desde 1993 y que ella se mudó con él a España alrededor de 2004. Tienen cuatro hijos: Thiago, Tomás, Matías y Lucas.
Del capitán serio al asador que casi se pierde un torneo
La entrevista también permitió conocer un costado menos habitual de Scola. Por ejemplo, su orgullo por ser un buen asador.
El exbasquetbolista contó una historia de cuando invitó a más de 20 integrantes del equipo a comer. Mientras preparaba un cordero, una fuente se le volcó y terminó con aceite hirviendo en una de sus manos. La lesión todavía le quedó marcada y, según recordó entre risas, estuvo cerca de costarle un torneo.

También reconoció que es bastante celoso, que disfruta mucho dormir y que considera que se volvió más organizado con los años. En el cuestionario final de la entrevista se definió como un mal perdedor en el sentido de que odia perder, aunque destacó que siempre intentó mantener una conducta deportiva con el rival.
“Le tengo mucho más miedo a eso que a morirme”
El cierre de la entrevista dejó una de sus respuestas más contundentes.
Ante la pregunta sobre cuánto miedo le tiene a la muerte, Scola respondió que ninguno. Lo que realmente le preocupa es otra cosa: el deterioro físico y la posibilidad de quedar atrapado durante años en una situación de dependencia.
“No le tengo miedo a que venga ahora un ataque al corazón y me muero. Le tengo cero miedo. Le tengo mucho más miedo a estar en una silla de ruedas cinco años, con respirador artificial”, explicó.




