Los clubes de barrio enfrentan mayores niveles de mora mientras buscan sostener sus actividades y contener a los socios con dificultades para pagar

Las dificultades de las familias para llegar a fin de mes y cumplir con sus compromisos de pago se convirtieron en uno de los fenómenos que atravesaron el consumo y el crédito durante los últimos meses.

Los atrasos se acumularon en préstamos, tarjetas y otras formas de financiamiento y, aunque la mora temprana comenzó a mostrar señales de reducción, el volumen de deuda acumulada todavía se mantiene elevado. Y el problema también se trasladó a un gasto mucho más ligado a la vida cotidiana de los barrios: la cuota del club social.

Las instituciones deportivas y sociales empezaron a sentir con mayor intensidad los problemas de sus socios para pagar. Según datos de la firma de cobranzas CuotaQ, sobre una muestra nacional de 400 clubes y entidades deportivas, la morosidad promedio pasó del 48% en 2025 al 52% en agosto de 2026 entre aquellos que utilizan el sistema desde hace más de tres meses. Más de la mitad de las cuotas presenta algún atraso.

Buena parte de los socios que estaban en condiciones de cumplir pagaban entre el 1 y el 5 de cada mes. Ahora ese dinero aparece entre el 12 y el 20 (Font)

Pero detrás de ese porcentaje aparece una transformación menos visible y particularmente sensible para instituciones que necesitan de la recaudación mensual para funcionar. No solamente hay más personas que dejan cuotas pendientes. También quienes pagan necesitan cada vez más días para hacerlo.

Cristian Font, presidente del Observatorio Social y Económico de Clubes de Barrio, lo observa en el calendario de la administración. Durante años, buena parte de los socios que estaban en condiciones de cumplir pagaban entre el 1 y el 5 de cada mes. Ahora ese dinero aparece entre el 12 y el 20. “Vemos un fenómeno que no habíamos visto nunca”, explicó Font en diálogo con Infobae. En su club de Avellaneda, una institución con buena infraestructura y una estructura administrativa consolidada, la mora ya se acerca al 50 por ciento.

El contraste con los registros históricos permite dimensionar el cambio. Según el Observatorio, la morosidad habitual de los clubes rondó entre el 20% y el 30%. Ese porcentaje siempre existió: son instituciones de puertas abiertas, constituidas como asociaciones civiles sin fines de lucro, y parte de su dinámica consistió históricamente en encontrar la manera de sostener dentro del club a quienes atravesaban dificultades económicas.

Cada vez más socios demoran el pago o acumulan varias mensualidades antes de regularizar su situación

Ahora los números se alejaron de ese rango. Font ubica a un segmento medio de clubes con una mora de entre 35% y 50%, mientras que en instituciones situadas en barrios con mayor vulnerabilidad socioeconómica, puede llegar al 70 por ciento.

Y la deuda empieza a acumularse. Danilo Luján, uno de los socios de CuotaQ, dijo que cada vez aparecen más socios que deben dos, tres o cuatro cuotas. En algún momento, algunos dejan de concurrir y pasan de socios activos a inactivos.

Cada vez aparecen más socios que deben dos, tres o cuatro cuotas. En algún momento, algunos dejan de concurrir y pasan de socios activos a inactivos (Luján)

El fenómeno deja a los clubes frente a una situación particular: deben absorber parte de las dificultades económicas de las mismas familias de las que dependen para sostenerse. Y, al mismo tiempo, en muchos casos reciben más personas que antes.

Más gente y menos recursos

La pérdida de poder adquisitivo generó un movimiento adicional. Personas que antes podían pagar un gimnasio privado u otras propuestas deportivas empezaron a buscar alternativas más económicas en las instituciones barriales.

Font lo observa en actividades como gimnasio, pádel, zumba, baile y distintas modalidades de gimnasia. La persona que ya no puede afrontar el costo de una alternativa privada llega al club de barrio, pero trae consigo las restricciones económicas que la llevaron a cambiar de lugar. “Estamos recibiendo mucha más gente manejando mucho menos presupuesto”, resumió.

Personas que antes podían pagar un gimnasio privado u otras propuestas deportivas empezaron a buscar alternativas más económicas en las instituciones barriales

Daniel Pacin, secretario de la Confederación Argentina de Clubes de Barrio y dirigente del Club Franja de Oro de Pompeya, describió una situación similar. La Confederación nuclea federaciones en 14 provincias y realizó años atrás junto con la Universidad Nacional de Avellaneda un relevamiento que estimó que existen cerca de 20.000 clubes en todo el país.

Pacin contó que las instituciones atravesaron numerosas crisis. Durante 2001 algunas se transformaron en clubes de trueque y durante la pandemia volvieron a ocupar un lugar central como espacios comunitarios. En la actualidad, aseguró, volvió a crecer la demanda.

Según sus datos, la mora en la cuota social ronda el 42% y el deterioro se acentuó durante los últimos seis meses, especialmente desde marzo. De todas formas, recalcó que “en el club no se queda nadie afuera”. El aumento de la mora no necesariamente se traduce en una expulsión inmediata de quienes no pueden pagar. Las instituciones buscan sostener a los socios aun cuando los ingresos no acompañan el crecimiento de la demanda, explicó el dirigente.

Menos apoyo de los comercios

Los problemas de caja no terminan en las mensualidades impagas. Los clubes dependen de distintas fuentes para financiar su funcionamiento y varias sufrieron el mismo deterioro.

El aumento de la mora no necesariamente se traduce en una expulsión inmediata de quienes no pueden pagar (Pacin)

Pacin identificó tres ingresos fundamentales: la cuota social, el buffet y el alquiler de salones para fiestas. Según explicó, los tres disminuyeron durante los últimos tres años. A eso se sumó una menor capacidad para generar dinero mediante las actividades extraordinarias que tradicionalmente permitieron cubrir baches en las cuentas.

Un baile, una fiesta o una comida podían servir para recaudar fondos. Pero esas propuestas también dependen del bolsillo de las mismas familias que tienen dificultades para afrontar la cuota mensual. El entramado económico alrededor del club también perdió fuerza.

Cristian Font explicó que los comercios de cercanía y las pyme fueron históricamente aliados de las instituciones. Una publicidad en una cancha, un aporte para comprar camisetas, materiales o algún insumo ayudaban a completar los recursos disponibles. Ahora son menos los que pueden colaborar.

Mientras esos ingresos se reducen, los gastos atraviesan prácticamente cada rincón de una institución. Font enumeró desde la limpieza de las instalaciones y el material deportivo hasta los cartuchos de impresora de la administración, además de los servicios públicos. “Tenemos más gente dentro de nuestras instituciones y tenemos mucho menos presupuesto”, señaló.

Piletas que no abren por los costos

El impacto de los costos ya se refleja en las actividades que algunos clubes pueden ofrecer. Pacin contó que distintas instituciones con piletas climatizadas no pudieron abrir durante la temporada de invierno porque mantenerlas implicaba un gasto que luego debía trasladarse al valor que pagaban los usuarios.

El propio Club Franja de Oro de Pompeya tiene pileta, pero desde hace tres años no abre durante el invierno. “Si tenemos que cobrar lo mínimo para abrir la pileta, la gente no podría pagar”, explicó.

Los clubes dependen de las cuotas sociales para afrontar servicios, mantenimiento y buena parte de sus actividades cotidianas (Prensa

La energía también obliga a revisar horarios y actividades para reducir el consumo eléctrico. Daniel Pacin aseguró que los clubes achicaron sus gastos casi un 50%, en un contexto en el que las facturas de luz y gas continuaron subiendo.

Las dificultades llegan incluso al público que acompaña los partidos. Según el dirigente, algunas personas se acercan al club pero no pueden ingresar porque deben pagar una entrada mínima. “Ir al club del barrio es un lujo”, afirmó.

Cómo hacer para aumentar la cobranza

Frente al aumento de la mora, otra parte del desafío pasa por recuperar cuotas de socios que todavía permanecen dentro de las instituciones.

CuotaQ comenzó a operar en 2024 y actualmente trabaja con más de 300 clientes. Procesa más de 120.000 cuotas por mes y se concentra principalmente en clubes pequeños y medianos, que tienen una mayor dependencia de la recaudación de sus asociados.

Según Danilo Luján, antes de incorporar el sistema, la cobrabilidad de los clubes se ubicaba entre 50% y 70%. Durante los primeros tres meses de utilización de la plataforma, la recaudación puede crecer alrededor de 30%. El sistema envía recordatorios cuando una persona no paga. El día 10 vuelve a advertirle sobre la deuda y, si pasan dos meses sin cancelar las cuotas, informa sobre la posibilidad de darle de baja como socio activo.

La morosidad aumentó entre 5% y 10% de manera sistemática durante los últimos cuatro meses (Luján)

La herramienta permite mejorar la cobranza, aunque los datos de las instituciones con mayor historial muestran que el problema de fondo persiste. Según Luján, en los clubes que ya cuentan con una trayectoria suficiente para realizar la comparación, la morosidad aumentó entre 5% y 10% de manera sistemática durante los últimos cuatro meses.

El precio de una cuota presenta diferencias importantes según la institución y, sobre todo, según la actividad que desarrolla.

Los datos de CuotaQ ubican en $23.000 mensuales el valor promedio de la cuota de un club social, aunque existen entidades barriales que cobran alrededor de $2.000 y otras vinculadas con actividades como náutica o aviación que pueden superar los 80.000 pesos.

Luján destacó que dentro de los clubes con los que trabaja el abanico puede extenderse desde unos $10.000 hasta $200.000, mientras que Pacin estimó en torno de $15.000 el valor promedio de una cuota social dentro del universo de instituciones que representa.