Históricamente, el vínculo entre amigos se asoció a la rivalidad, a la romantización o la idealización, como si fuera una relación perfecta y libre de tensiones. Actualmente, a partir de los modos de relacionarse de la generación millennial, aparece una baja tolerancia al conflicto y a la diferencia con el otro, lo que muchas veces lleva a diluir amistades por no querer tener conversaciones incómodas.

Durante mucho tiempo se consideró que los vínculos verdaderamente centrales de la vida adulta eran solo la pareja y la familia. Sin embargo, hoy se sabe que las amistades constituyen también una red de sostén fundamental.

Las relaciones entre amigas, las más fuertes

En el caso del vínculo entre mujeres, se trata de espacios que habilitan a mostrarse vulnerable, a pedir ayuda o simplemente permiten sentir que alguien está ahí, acompañando.

Según la Lic. en Psicología Agustina Meccico de la Red PsicoEspacios (@redpsicoespacios) esto tiene un valor enorme para el bienestar de las personas. “Esto no significa que las mujeres tengan una capacidad ‘natural’ para vincularse. También hay algo cultural: desde chicas solemos recibir más permiso para expresar emociones, buscar apoyo y construir intimidad a través de la conversación”, explica la profesional.

Según las especialistas, no todas las amistades son iguales. (Foto: Adobe Stock)
Según las especialistas, no todas las amistades son iguales. (Foto: Adobe Stock)

Aun así, hay que tener en cuenta que no todas las amistades entre mujeres son profundas ni funcionan de la misma manera. Hay amigas que hablan todos los días y otras que pueden pasar meses sin verse y conservar la cercanía. Hay amistades que duran toda la vida y otras que corresponden a determinadas etapas. Y, también, hay dos ideas que conviene evitar: la idea de que las mujeres son particularmente competitivas entre ellas (comparaciones, celos, críticas), o que, en el fondo, siempre hay cierta rivalidad. Este es un estereotipo que aparece mucho en películas, series, redes sociales y hasta en frases cotidianas.

“La competencia existe, por supuesto. También los celos, la comparación y la envidia. Pero son experiencias humanas, no características exclusivas de las mujeres. Además, muchas veces esa competencia tiene que ver con el contexto: si sentimos que hay pocos lugares disponibles para ser reconocidas, elegidas o valoradas, es más probable que aparezca la sensación de que el logro de otra persona amenaza el propio. El problema aparece cuando interpretamos cualquier conflicto entre dos mujeres como una prueba de que “las mujeres somos así”, aclara Meccico y agrega: “Pero tampoco es saludable irnos al otro extremo y pensar que una buena amistad entre mujeres debería ser siempre armoniosa, incondicional y libre de conflictos. Las amistades también tienen momentos incómodos”.

Entonces, según los especialistas, una amistad saludable no es aquella en la que nunca pasa nada, sino una en la que existe cierta posibilidad de decir: “Esto que pasó me dolió”, “me sentí desplazada”, “necesito otra cosa de vos” o incluso “en esto no estamos de acuerdo”, sin que necesariamente todo el vínculo quede puesto en juego.

Para Lucía Gaitán —politóloga, astróloga y escritora argentina—, autora del libro Hola Amiga, historias y teorías sobre la amistad femenina hizo un diagnóstico de época que invita a desarmar el mito de la amistad perfecta para reflexionar sobre los matices reales de la complicidad entre mujeres; son muchos los factores que influyen en la baja tolerancia al conflicto y a la diferencia con el otro que se vive actualmente. Entre ellos menciona el agotamiento gene ralizado y la dificultad para procesar lo que genera tensión: “La hipertecnificación de nuestras vidas, sumado al aislamiento, colabora con la idea de que los vínculos tienen que ser siempre cómodos y que lo que no suma, se descarta, como quien elimina una app del teléfono”, reflexiona y propone: “No sé bien cómo se resuelve esto, pero sí siento que tenemos que hacer un cuerpo y una psiquis que pueda sostener la tensión del encuentro con el otro. Probablemente, sea de mucha ayuda aprender herramientas de comunicación no violenta y en vez de acusar al otro, abrir la conversación desde lo que uno siente”.

No existen las amistades perfectas

Hay ciertos roles que suelen encarnarse en las amistades entre mujeres, por ejemplo, cuando hay una que siempre escucha frente a la que siempre habla de sus dramas. Esta posibilidad pone en evidencia otro matiz frente al mito de las amistades perfectas. Entonces, para los profesionales de la salud mental, una buena amistad no es aquella en la que nunca hay diferencias, celos, comparación, enojo o distancia. Es aquella en la que podemos atravesar esas experiencias sin convertirlas en control, hostilidad o descalificación.

Una buena amistad es aquella que ayuda a atravesar distintas experiencias. (Foto: Freepik)
Una buena amistad es aquella que ayuda a atravesar distintas experiencias. (Foto: Freepik)

“Quizás una forma más realista de pensar la amistad entre mujeres sea entender que podemos querernos profundamente y, al mismo tiempo, tener diferencias. Podemos alegrarnos genuinamente por una amiga y alguna vez compararnos con ella. Podemos necesitarla y también necesitar distancia. Podemos acompañarnos y, en determinados momentos, decepcionarnos”, destaca Agustina Meccico de la red Psico Espacios. Para ella, la fortaleza de una amistad no está en que nunca haya conflicto, sino en que el vínculo tenga espacio suficiente para poder hablarlo, poner límites, reparar cuando sea necesario y aceptar que ambas personas pueden cambiar.

Según la autora de
Según la autora de "Hola Amiga", la idea de que las amigas son salvadoras y aliadas incondicionales viene de la mano del feminismo. (Foto: Adobe Stock)

Es importante saber que también es válido sentirse desplazada, sentir celos si la amiga empieza a compartir mucho tiempo con otra persona, compararse si a ella le está yendo muy bien en un momento en el que se están atravesando dificultades, enojarse porque no estuvo cuando la necesitó o descubrir que se esperan cosas diferentes de esa amistad. Pero, dice la psicóloga, sentir todo eso no convierte a la persona automáticamente en una mala amiga. De hecho, cuando un vínculo importa, es lógico que también pueda movilizar diferentes sentimientos y emociones. Los celos, por ejemplo, muchas veces aparecen frente al miedo de perder un lugar significativo para la otra persona. La cuestión es qué se hace con eso. No es lo mismo sentir celos que intentar controlar a una amiga, exigir exclusividad, hacerla sentir culpable o cuestionar que tenga otros vínculos. Incluso también es saludable empezar a aceptar esto: que una amistad cambie o termine no necesariamente significa que haya fracasado.

Con sus conflictos, contradicciones, mitos e idealizaciones, la amistad entre mujeres es un vínculo al que se apuesta, al que se valora y se cuestiona por igual. Porque, como dice la autora del libro Hola Amiga: “La idea de que las amigas nos salvan y son nuestras aliadas incondicionales viene de la mano del feminismo. En mi historia de vida, lo empecé a escuchar a partir del 2015-2016 pero es algo que decían en la década de 1970. ¿Cuántas veces las amigas advirtieron sobre relaciones violentas o le mandamos un mensaje en una cita que se estaba poniendo turbia? Pero más allá de eso, lo que vino después es la romantización total del vínculo de amistad. Creo que necesitamos seguir tejiendo lazos de amistad pero sin creer que va a ser siempre un jardín del Edén libre de conflictos”.