Una oleada de robos en museos de Francia expuso la dificultad de proteger obras de arte, joyas y objetos del patrimonio cultural

En un museo del este de Francia, dos hombres disfrazados con pelucas utilizaron un mazo y un martillo para romper una vitrina y llevarse un collar de oro de 2.500 años de antigüedad. El robo duró menos de cuatro minutos.

En otro robo relámpago en un museo francés, tres ladrones enmascarados se llevaron 27 piezas de joyería valoradas en más de 4,5 millones de euros (5,2 millones de dólares estadounidenses), tras derribar dos puertas para entrar.

Esos robos tuvieron lugar en julio. Esta semana, unos ladrones cortaron una valla, se colaron por la ventana de un museo de la Costa Azul y huyeron con dos cuadros de Pierre-Auguste Renoir. Abandonaron otras dos obras de arte del maestro impresionista mientras huían.

La oleada de robos, que llega tras el espectacular atraco de joyas del año pasado en el museo más famoso y visitado de Francia, el Louvre, pone de manifiesto cómo el país se ve a la vez bendecido y maldecido por sus tesoros acumulados a lo largo de siglos de conquistas, creatividad y capacidad para invertir en arte.

Dos ladrones robaron en menos de tres minutos dos cuadros de Renoir del Museo Renoir de Cagnes-sur-Mer tras cortar una valla y entrar por una ventana

La pasión de Francia por las pinturas, las esculturas, los artefactos antiguos y otros objetos de valor y curiosidades es una fuente de orgullo e identidad nacional. Miles de museos que albergan colecciones, grandes y pequeñas, contribuyen a transmitir el amor de Francia por la cultura y la historia de una generación a otra. Los más grandes también atraen a millones de turistas que inyectan dinero en la economía francesa.

Pero mantener a salvo toda esa riqueza resulta costoso y difícil. Los delincuentes ven los museos como objetivos fáciles. El descarado y angustioso robo de joyas de la corona por valor de 88 millones de euros (102 millones de dólares) de las vitrinas de la galería de Apolo del Louvre sirvió como llamada de atención. Pero fue solo el ejemplo más impactante de unas amenazas más amplias que se ciernen sobre los museos, y no solo en Francia.

“Cuando desaparecen las joyas de un rey francés para ser fundidas debido al precio del oro, es trágico. A todos se nos parte el corazón”, afirmó Guillaume Poitrinal, presidente de una fundación que financia la renovación y la protección de los bienes culturales franceses, la Fondation du patrimoine.

“Tenemos que hacer que resulte más difícil robar obras de arte y objetos que forman parte del patrimonio cultural de Francia y que pertenecen a todos los franceses. Eso es absolutamente esencial. Y para lograrlo, tenemos que invertir”, declaró en una entrevista con esta agencia.

El robo de las obras de Renoir incluyó el “Retrato de la señora Stephen Pichon” una de las pinturas abandonadas en la huida

El robo de las obras de Renoir duró apenas unos minutos

Antes del amanecer del martes, dos ladrones se llevaron el Retrato de Madame Colonna Romano y Joven junto al pozo. Dejaron caer el Retrato de Madame Pichon y Coco leyendo mientras huían por el jardín del Museo Renoir de Cagnes-sur-Mer.

Cortaron una valla con un cuchillo eléctrico o una sierra y entraron en el museo por la planta baja, según explicó Bryan Masson, alcalde de la localidad situada entre Cannes y Niza, en la costa mediterránea.

El robo duró menos de tres minutos. Masson estimó el valor de las obras de arte en 9 millones de euros (10,5 millones de dólares). Es imposible vender obras de arte robadas y de gran renombre a través de canales legítimos, por lo que los cuadros podrían acabar valiendo poco o nada para los ladrones.

La agencia policial europea Europol afirma que los robos en museos se están volviendo más violentos, ya que se utilizan mazos, hachas, palancas e incluso explosivos para forzar la entrada y destrozar las vitrinas.

Los ladrones también se centran cada vez más en objetos de museo que contienen oro y otros metales preciosos que pueden fundirse, así como en piedras preciosas que pueden extraerse y venderse, según indicó la agencia en un informe publicado en agosto. Los delincuentes creen que “las medidas de seguridad de los museos son menos sólidas que las de las joyerías”, señaló.

El collar antiguo robado el 24 de julio del museo de Châtillon-sur-Seine, en el este de Francia, estaba elaborado con casi medio kilo (una libra) de oro.

Este verano se ha registrado un récord de 10 robos en museos franceses y de otros países europeos, según Jean-Christophe Castelain, director de Le Journal des Arts, una revista bimestral dedicada al mundo del arte.

“Ocho de esos 10 robos se centraron en joyas, monedas u objetos antiguos que pueden fundirse fácilmente”, afirmó.

La directora del museo, consternada, comparte su dolor

El Museo Lalique de Wingen-sur-Moder, situado más al este, cerca de la frontera entre Francia y Alemania, no ha vuelto a abrir sus puertas desde el robo de joyas ocurrido el 5 de julio, en el que se forzaron seis vitrinas con mazos y martillos. Este museo público rinde homenaje al joyero y vidriero del siglo XIX René Lalique y a sus sucesores.

El dolor sigue siendo muy reciente para su directora, Véronique Brumm Schaich. Su voz se quebró por la emoción durante una entrevista. El museo necesita 200.000 euros (233.000 dólares) para mejorar la seguridad.

“Las tácticas de los ladrones están evolucionando”, afirmó. “Los ejemplos recientes demuestran que no somos los únicos que debemos redoblar nuestros esfuerzos”.

El atraco a las joyas de la corona del Louvre por 88 millones de euros funcionó como una llamada de atención sobre la seguridad en los museos franceses

Debido a los recortes presupuestarios del Gobierno, aún no está claro cuánto dinero procederá de las arcas públicas, señaló. El museo también está recaudando donaciones privadas, ya que “se trata de medidas extremadamente costosas”, añadió.

“Son tiempos difíciles”, afirmó. “Un robo nunca llega en un buen momento, pero este se produjo en un momento especialmente inoportuno”.

Parte de la financiación que aporta la Fondation du patrimoine, incluida la destinada a los museos, procede de una lotería nacional. Para ayudar a impulsar los ingresos de los museos, la fundación también está lanzando un abono que permitirá a los suscriptores acceder a 500 museos, monumentos y castillos.

“Francia es un país en el que nos encanta pasarle la pelota a otros”, afirmó Poitrinal, presidente de la fundación. “La gente dice que es responsabilidad del Estado o del ayuntamiento. Yo digo que es muy sencillo: es responsabilidad de todos”.

Fuente: AP

[Fotos: AP/ Philippe Magoni; City of Cagnes-sur-Mer vía AP y AP/ Julia Demaree Nikhinson]