Regina Vaena no quería ser empresaria, ni famosa, ni tener una cadena de pastelerías. Cuando empezó a cocinar para vender, tenía una preocupación mucho más urgente: pagar deudas y mantener a sus tres hijos despsués de la muerte repentina de su marido.

Así, casi sin proponérselo, a los 45 años convirtió la cocina de su casa en el punto de partida de Nucha, una marca que décadas después llegaría a tener 18 locales y se transformó en un nombre propio de la pastelería porteña.

La cocina, que durante años había sido parte de los rituales familiares, se convirtió para Regina, a la que todos llamaban Reginucha o Nucha, en una herramienta para salir adelante.

Primero fueron tortas y mesas dulces para los padres de los compañeros de sus hijos y comercios de Belgrano. El boca a boca hizo lo suyo, recibió cada vez más llamados y decidió dedicarse de lleno a la pastelería.

"Mi mamá se puso a trabajar para mantener a sus hijos. Ese fue su primer objetivo", contó su hijo Javier sobre Regina Vaena. (Foto: gentileza Nucha)

“Mi mamá se puso a trabajar para mantener a sus hijos. Ese fue su primer objetivo. Cuando vio que las cosas podían ordenarse y que se podía vivir de esa manera, siguió adelante. Si podía tener lo básico y no vivir siempre con deudas, estaba contenta”, recordó Javier Ickowick, unos de sus hijos que se convirtió en una de las piezas fundamentales del crecimiento de Nucha.

“Todos los días me levantaba a las tres de la madrugada, empezaba a preparar los pedidos a las tres y media y no paraba hasta las doce de la noche, cuando terminaba con las cosas de la casa. Mucha gente me preguntaba si me angustiaba, si estaba deprimida con lo que me había pasado. Yo les contestaba: ‘No tengo tiempo de deprimirme’. Y era la verdad”, contó alguna vez la pastelera en una entrevista sobre estos primeros años de sacrificio y entrega.

Una primera tienda en el garage

Javier tenía entonces alrededor de 18 años. Su mamá cocinaba en la parte de atrás de la casa familiar, en Colegiales, junto a sus hermanos Ariel y Galia, mientras él atendía un pequeño espacio de venta en el garage.

Había una mesada de madera, una heladera y apenas cinco variedades de tortas: torta de coco y dulce de leche, brownie con dulce de leche, Africana, lemon pie, torta de frutillas y un cuadrado de brownie.

Con el tiempo, Galia se fue perfeccionando en pastelería, Javier colaboraba con la base de las tortas y Ariel se especializó en dulces.

El Lemon pie de Nucha, un clásico. (Foto: gentileza Nucha).
El Lemon pie de Nucha, un clásico. (Foto: gentileza Nucha).

De una cocina familiar a una marca

En 1995 llegó el primer local formal, en Belgrano. Fue Javier quién insistió para ponerle Nucha. Su mamá, de perfil bajo, se resistía. “Yo sentía que era importante asociar la torta con una persona. En gastronomía suma saber que hay alguien detrás del producto. Ella no quería saber nada, pero finalmente aceptó”, explicó Javier.

Los inicios de Nucha, en el local hogareño. (Foto: gentileza La Nación).
Los inicios de Nucha, en el local hogareño. (Foto: gentileza La Nación).

Así nació Nucha como marca. Pero Regina nunca dejó de ser, para quienes trabajaban con ella, la mujer que estaba pendiente de cada torta.

Cocino pensando en los sabores que les gustan a mis hijos”, afirmó alguna vez en una entrevista con el diario Ámbito la pastelera, que decía “guiarse por su paladar” y cierta tradición familiar: a su abuela y su papá “Les encantaba hacer tortas, pandulces y facturas”.

"Cocino pensando en los sabores que les gustan a mis hijos", afirmó alguna vez Regina Vaena. (Foto: gentileza Nucha).

Una bioquímica en la cocina y la obsesión por la torta perfecta

Regina había estudiado Bioquímica en la Universidad de Buenos Aires, aunque abandonó la carrera poco antes de recibirse para trabajar en la fábrica de madera que tenía su marido.

Esa formación la llevó a mirar la pastelería casi como una ciencia: proporciones, temperaturas, reacciones y precisión. Era autodidacta, estudiaba, hacía cursos y repetía las preparaciones hasta alcanzar el resultado que buscaba.

El cuadrado de chocolate con dulce de leche y ganache de chocolate de Nucha. (Foto: gentileza Nucha).
El cuadrado de chocolate con dulce de leche y ganache de chocolate de Nucha. (Foto: gentileza Nucha).

Ella era muy ordenada. Creo que le faltaba una o dos materias para recibirse de bioquímica. Con lo cual era muy, pero muy metódica, muy precisa y muy detallista”, contó a TN Carlos Rava, gerente de Nucha.

Javier también recordó esa obsesión por el producto y a una cocinera celosa de sus recetas. Cuando la producción comenzó a crecer, dividía los procesos: una persona preparaba las bases, otra hacía las cremas y las terminaciones quedaban bajo su supervisión.

Nadie iba a hacerlo como ella. Todas las terminaciones las hacía personalmente, una por una. Era muy exigente y no transaba con la calidad. El chocolate era chocolate y la manteca tenía que ser manteca de primera”, sostuvo.

El salto después de la crisis del 2001

Nucha siguió creciendo. En 1998 abrió un nuevo local en Zabala y Tres de Febrero, además de una primera fábrica y una pequeña casa de té. Pero el gran proceso de expansión llegó después de la crisis de 2001.

Mientras muchas empresas frenaban sus inversiones, Javier vio una oportunidad: los locales estaban más accesibles, había mayor disponibilidad de trabajadores y construir una nueva sucursal costaba menos.

Hoy Nucha tiene 17 locales. (Foto: gentileza Nucha).
Hoy Nucha tiene 17 locales. (Foto: gentileza Nucha).

“Pensé: peor que esto no podemos estar. De acá es para arriba. Si esperaba a que todo mejorara, iba a llegar tarde”, recordó.

Entre 2002 y 2010, Nucha abrió casi un local por año y llegó a tener 18 sucursales. La marca fue parte de la consagración de la merienda como ritual de encuentro entre amigos, con una buena porción de torta de por medio.

Hoy la cadena cuenta con 17 locales —dos propios y 15 franquicias— y tiene tres nuevas aperturas en distintas etapas, con el objetivo de alcanzar los 20 puntos de venta antes de terminar 2026 y planes de expansión hacia el interior del país.

El 90% de la propuesta se elabora “de manera 100% artesanal” en dos plantas ubicadas en Chacarita: una dedicada a la pastelería fina y los productos de bakery, coordinada por Lorena Monson,; y otra destinada a la cocina salada y la panadería, bajo la dirección de Gabriela Morel.

Según Javier, su mamá “nunca entendió todo lo que había crecido la empresa. Mantuvo siempre la misma humildad frente al trabajo y frente a la gente”.

Regina Vaena comenzó a vender tortas tras la muerte de su marido, para mantener a sus hijos. (Foto: gentileza Nucha).
Regina Vaena comenzó a vender tortas tras la muerte de su marido, para mantener a sus hijos. (Foto: gentileza Nucha).

Para Rava, que estuvo al frente de Nucha en distintos períodos desde 2007, el crecimiento de la marca también permite observar cómo cambió la manera de consumir pastelería en Buenos Aires.

“Cuando yo empecé, la torta y el kilo de masas era lo que es el helado ahora en almuerzo dominguero o una reunión”, explicó.

Ese no es el único hábito que cambió. “Las cantidades que se consumen son mucho menores, hay mucho más cuidado en la alimentación”, señaló Rava.

Y el cliente actual es “más viajado y exigente: compara productos, conoce otras gastronomías y presta atención a la calidad de las materias primas y a la cantidad de azúcar”, describió.

Nucha decidió entonces posicionarse desde otro lugar frente al boom de las cafeterías de especialidad. “Nosotros encaramos el negocio siempre como una experiencia gastronómica”, sostuvo Rava.

“El corazón de nuestro negocio siempre fue el producto de la pastelería o lo que se haga en la cocina del local, pero bien hecho”, insistió.

Cuadrados de cheese cake con dulce de moras. (Foto: gentileza Nucha).-
Cuadrados de cheese cake con dulce de moras. (Foto: gentileza Nucha).-

Después de años en los que el delivery y las aplicaciones modificaron la manera de consumir, en Nucha también perciben un regreso a una costumbre que parecía haber quedado relegada: sentarse en un salón, pedir algo y quedarse un rato.

Rava observa especialmente el crecimiento de los clientes más jóvenes, que ya no buscan solamente pasar por una ventana a retirar una torta o pedirla por una aplicación. “La gente se cansa del delivery quiere volcer a sentarse y compartir una experiencia”. Frente a esa lógica, y pese a la crisia, vuelve a aparecer el placer de un “pequeño consumo y pequeña gratificación”.

Nucha, después de Regina

Regina nunca buscó convertirse en una celebridad. Durante años rechazó buena parte de las invitaciones a programas de televisión, entrevistas y eventos gastronómicos.

Incluso después de atravesar distintos problemas de salud y alejarse progresivamente de la producción, siguió visitando el local de Zabala, donde tomaba un café, miraba los productos y se mantenía cerca de la marca que llevaba su nombre.

El rogel, uno de los clásicos de Nucha. (Foto: gentileza Nucha).
El rogel, uno de los clásicos de Nucha. (Foto: gentileza Nucha).

Rava recuerda esas visitas de los últimos años con una mezcla de cariño y humor. Regina vivía a una cuadra del local de Belgrano y solía pasar por allí. “Venía, desayunaba con nosotros, nos decía... bueno, nos retaba básicamente”, contó.

Y siempre encontraba algo para corregir: “Esta torta no me gusta tanto como salió”, “Mirá, se cayó el merengue”, “El brownie no está tan alto como tiene que ser”.

Regina murió el 13 de mayo de 2026, a los 84 años. Fue entonces cuando Javier terminó de dimensionar cuánto había significado su madre para quienes habían pasado por Nucha durante décadas.

Regina Vanea murió el 13 de mayo de 2026, a los 84 años. (Foto: gentileza Nucha).
Regina Vanea murió el 13 de mayo de 2026, a los 84 años. (Foto: gentileza Nucha).

“Yo vi todo el proceso. Pero tomé verdadera conciencia cuando murió y vi la cantidad de personas que se acercaban al local para dejar un saludo. Todavía me paran en la calle para hablarme de ella”, sostuvo.

Las recetas para mantener viva una historia

Tras la muerte de su mamá, Javier decidió volver a mirar hacia aquellos primeros años. Como homenaje, puso nuevamente en primer plano algunas de las recetas que acompañaron los comienzos de la marca.

El brownie y el alfajor de maicena regresaron elaborados con sus fórmulas originales, adaptadas a las técnicas modernas. Lo mismo con el cuadrado de cheesecake y el rogel, cuya receta se mantiene aunque su decoración evolucionó, mientras que la antigua tarta de coco y dulce de leche encontró una nueva versión individual.

Las tortas que vuelven también responden a un pedido de la gente. “Por el clamor de los clientes, básicamente”, resumió Rava. Y en cada torta que vuelve al mostrador, también regresa un poco de aquella cocina de la calle Zabala donde todo empezó.