¿Qué sucedería si la líder política más trascendental de la Argentina y el ícono definitivo del glamour de Hollywood se encontraran en un espacio fuera del tiempo? La distancia geográfica, histórica y cultural entre la Argentina de Evita y los estudios de California de Marilyn Monroe se disuelve por completo en "Quien quiera amar, que ame", una propuesta teatral tan surrealista como provocadora que se presenta en salas de Córdoba y Sierras Chicas. A través del juego dramático, el estereotipo, la caricatura y las múltiples máscaras que la historia y los medios construyeron sobre ellas, la obra abre un resquicio poético por el cual asoman las mujeres reales detrás del mito. Lejos del bronce estático y del póster comercial, la dramaturgia escrita por Leandro Calle e interpretada por Laura Pilone y Ludmila Hernández, bajo la dirección de Karla Torres. La obra presenta nueva función el 25 de septiembre en La Casona Municipal. La pieza teatral presenta a dos seres sensibles y apasionados que sienten, ríen, se enojan, se conmueven y descubren que, más allá del poder y la fama, ambas compartían la misma búsqueda humana: el anhelo de ser amadas sin condiciones. EL ENCUENTRO IMPOSIBLE ENTRE DOS ÍCONOS DEL SIGLO XX En diálogo con Ludmila Hernández, quien interpreta a la actriz y política argentina, expresa: "Interpretar a Eva es desarmar el monumento para mirar a la mujer" y nos cuenta cómo surge la idea de hacer esta obra: "La idea surge del deseo de imaginar un encuentro imposible entre dos mujeres que, aunque pertenecen a mundos muy diferentes, tienen algo profundamente en común: Eva Perón y Marilyn Monroe fueron mujeres atravesadas por la mirada de los demás, por el amor, por el deseo, por la exposición y también por el juicio. Me interesaba justamente ese encuentro surrealista, imaginario, imposible. ¿Qué pasaría si estas dos mujeres pudieran encontrarse, hablar entre ellas y dejar por un momento de ser los personajes que la historia construyó sobre ellas? La obra nace de ese juego. No pretende contar sus vidas de manera biográfica, sino abrir un espacio de ficción donde puedan aparecer otras dimensiones de ellas: sus contradicciones, sus deseos, sus fragilidades y también su enorme fuerza" - Eva Perón es una de las figuras más retratadas y complejas de la historia argentina. ¿Desde qué lugar abordaste la construcción del personaje para no caer en la mera imitación? "Ese fue uno de los grandes desafíos. Eva está tan instalada en nuestro imaginario colectivo que es muy fácil caer en la imitación: la voz, los gestos, la postura, la manera de hablar. Pero para mí interpretar a un personaje no significa reproducirlo. Trabajé desde la investigación y desde lo que conocemos de ella, pero fundamentalmente intenté encontrar qué había detrás de esa imagen tan poderosa. Me interesaba la mujer detrás del mito. Busqué construir una Evita que pudiera tener momentos de autoridad y de vulnerabilidad, de ironía, de humor, de deseo. Una Evita que pudiera encontrarse con Marilyn desde un lugar más humano. Mi Evita no pretende ser "la Evita verdadera", porque creo que no existe una única manera de representar a una figura tan compleja. Es mi mirada sobre ella, atravesada por mi propia sensibilidad como actriz". -Evita tenía una oratoria incisiva y una presencia imponente. ¿Cómo trabajaste la corporalidad y la voz en un tono más íntimo y surrealista? "Fue justamente interesante trabajar con esa contradicción. Hay una Evita que todos conocemos: la de los discursos, la del balcón, la de la palabra política, la mujer con una presencia enorme. Pero en esta obra no necesitábamos reproducir permanentemente esa dimensión pública. Trabajé mucho la corporalidad para encontrar cuándo aparece esa mujer pública y cuándo aparece la mujer privada. La voz también tiene diferentes registros: hay momentos donde aparece esa fuerza tan reconocible de Evita y otros donde la voz puede bajar, quebrarse, jugar o simplemente conversar. El cuerpo también cuenta esa transformación. Porque cuando una persona deja de estar frente a una multitud y queda frente a otra persona, puede aparecer algo completamente diferente". - La dramaturgia propone el juego y la caricatura. ¿Cómo se equilibra el respeto por la figura histórica con la libertad de la sátira? "Creo que el respeto no está necesariamente en solemnizar al personaje. Para mí, también hay una manera de respetar a una figura histórica permitiéndole jugar, equivocarse, reírse y ser contradictoria. La caricatura y el humor no buscan destruir al personaje, sino desarmar por un momento el monumento para poder volver a mirar a la mujer. El teatro tiene esa libertad maravillosa de permitirnos imaginar lo imposible. Y el surrealismo nos da justamente la posibilidad de salir de la lógica histórica para entrar en una lógica más emocional y poética. La obra no pretende burlarse de Eva ni de Marilyn. Al contrario: el juego permite acercarnos a ellas desde un lugar más íntimo, más humano y, quizás, más libre". -A más de medio siglo de la partida de ambas, la sociedad sigue juzgando a las mujeres públicas. ¿Sentís que la obra dialoga con debates actuales? "Sí, absolutamente. Y creo que ahí está una de las razones por las que estas dos mujeres siguen siendo tan actuales. Eva y Marilyn fueron observadas, deseadas, admiradas, criticadas y juzgadas permanentemente. Y muchas veces se las redujo a una imagen: la mujer poderosa, la mujer sensual, la mujer deseada, la mujer ambiciosa. Pero detrás de esas imágenes había mujeres con deseos, contradicciones, necesidades afectivas y una enorme necesidad de ser reconocidas. Creo que todavía hoy las mujeres estamos muy atravesadas por esa mirada ajena. Se nos exige ser fuertes, pero no demasiado; deseables, pero no demasiado; independientes, pero sin dejar de responder a determinadas expectativas. Y cuando nos salimos de esos lugares, aparece rápidamente el juicio. Por eso el título, Quien quiera amar que ame, también puede leerse como una declaración de libertad. Amar y ser amada sin tener que cumplir con una imagen determinada. Poder desear sin pedir permiso. Poder ser una misma más allá de lo que los demás esperan. Y quizás ese sea el punto de encuentro más profundo entre Eva y Marilyn: dos mujeres que fueron convertidas en imágenes por los demás y que, desde la ficción, podemos devolverles algo que muchas veces la historia les quitó: la posibilidad de hablar desde su propio deseo". AGENDÁ PARA VERLA: La obra se presenta el viernes 25 de septiembre a las 18.30 en La Casona Municipal (Gral. Paz y La Rioja)