
Sharon Stone reveló que sobrevivió a una hemorragia cerebral masiva con entre el 1% y el 5% de probabilidades de sobrevivir, que su marido de entonces le ocultó atención médica durante días y que las secuelas físicas y cognitivas de ese episodio la acompañaron durante 25 años de recuperación silenciosa, según contó en el pódcast Mayim Bialik’s Breakdown.
La actriz, de 68 años, se sentó frente a Mayim Bialik, actriz y doctora en neurociencia, para una conversación que abarcó su hemorragia subaracnoidea, el abuso doméstico que, según afirma, precedió al evento médico y la manera en que la fama generada por Bajos instintos atrajo a su vida lo que ella llama “gente oscura”.
Stone describió que la mañana del episodio llamó repetidamente a su entonces esposo para pedir una ambulancia, pero él seguía colgando. El hombre no regresó al domicilio durante días, hasta que la mejor amiga de la actriz lo ultimó: “Si no la llevas al hospital, llamo a la policía”. Ya en el centro hospitalario, un radiólogo le comunicó: “Estás sangrando en el cerebro”.

La estadía estuvo marcada, según Stone, por negligencias en cadena. Un médico al que describe como interesado en su fama habría firmado el consentimiento para una cirugía exploratoria de cráneo sin su conocimiento, mientras la hemorragia seguía activa.
Stone relató que se despertó cuando la camilla chocó con algo en el pasillo y, al enterarse del destino, se puso de pie sobre la camilla en camisón hospitalario. “El médico decía que estaba hablando con People Magazine”, recordó. Una jefa de enfermería ordenó que la devolvieran a su habitación. “No estaría viva de no ser por ella”, afirmó.
Los estudios confirmaron que la arteria vertebral derecha colgaba “de un hilo” y que la sangre había inundado todo el espacio subaracnoideo: cara, cabeza, cuello y columna. La cirugía, de nueve horas, fue realizada por el entonces joven neurocirujano Michael Lawton mediante la inserción de 22 espirales para reemplazar la arteria dañada.
Stone aludió al caso de Christopher Reeve para ilustrar la gravedad de la lesión: el actor quedó tetrapléjico tras fracturar las vértebras cervicales C1 y C2 y dañar la médula espinal en una caída ecuestre. Ella, con una sola arteria vertebral comprometida, sobrevivió.
La agresión que dijo haber reconstruido años después
Aproximadamente diez años después del ictus, Stone acudió a una clínica de cuello y columna en Santa Mónica por dolores que atribuía a artritis. Bajo los efectos del propofol y antes de una sesión de inyecciones, los médicos suspendieron el procedimiento.
Le informaron que las imágenes mostraban su caja torácica rota y cicatrizada de forma irregular, lo que constituía una prueba de un ataque físico previo. “Fue una felonía. Tenemos que informarlo al FBI y a la policía”, le dijeron, según su relato.
Con esa información, Stone reconstruyó lo ocurrido: el día anterior al ictus había sido golpeada en el pecho y empujada contra un armario, y recordaba haberse despertado en el suelo rodeada de muebles volcados.
“Mi entonces esposo me llevó a juicio siete veces, se quedó con mi dinero y le dijo a todos que yo era alcohólica y drogadicta”, relató. Stone aseguró, sin embargo, que no bebía alcohol.
Al salir del hospital, Stone recibía 16 medicamentos. A lo largo de las dos décadas y media posteriores fue abandonando la mayoría. En los últimos ocho meses dejó los dos restantes, en un proceso que describió como “brutal, difícil, físicamente violento”.

La decisión, según explicó, estuvo motivada en parte por el ejemplo de dos de sus tres hijos adoptivos, quienes son sobrios. “Me pregunté si podía ser sobria de la medicación recetada y qué significaría eso”, dijo.
El ictus también borró su memoria fotográfica. Stone recordó que antes del episodio memorizaba guiones con una sola lectura y que, mientras estudiaba, escribía los trabajos universitarios de sus compañeros con facilidad. La recuperación de esa capacidad le llevó años y estuvo condicionada por el miedo. “Tuve que aprender a aprender”, sintetizó.
El costo personal de la fama tras “Bajos instintos”
La actriz relacionó directamente su fragilidad posterior con el tipo de exposición que generó su papel en Bajos instintos (1992). “Era muy joven e inexperta. Abrí algunas puertas oscuras”, señaló.
Según su análisis, encarnar a personajes oscuros sin preservar un núcleo propio permite que personas con ese perfil la perciban como afín. “La gente oscura pensó: ‘Eres como yo’. Y cuando descubrieron que no lo era, se enojaron”, explicó.

Stone trazó una distinción entre su trabajo en Bajos instintos y producciones posteriores como Casino o Ratched, en las que, afirma, aprendió a mantener lo que llamó “el núcleo dorado”: el yo central que envuelve al personaje en lugar de fundirse con él.
“Nunca cedas el núcleo”, resumió. También reformuló el concepto de “actriz difícil”: “Ese calificativo te lo ganan cuando no tienes relaciones sexuales con quienes quieren que las tengas”, concluyó.


