“Estamos armados hasta los dientes para enfrentar el riesgo kuka”, dijo el presidente Javier Milei el jueves desde el podio ante economistas en The Economic Club de Nueva York. Se refería a contrarrestar con reservas del Banco Central, swaps de Estados Unidos y de China cualquier “intento de golpe de Estado”. Tuvo que explicar a su audiencia, que escuchaba la traducción por auriculares, qué significa el “riesgo kuka”, que es lo más parecido al diablo en el mundo financiero, y que cualquier sacudón en los mercados sería interpretado por el gobierno como una suerte de intento de golpe de Estado.
Venía de presentar ante los economistas una larga serie de datos económicos que hablaban de un crecimiento sin precedentes en casi todos los sectores de la economía y cerró prometiendo que, si en 2027 lo reeligen, 2028 sería “el mejor año económico de la historia argentina”.
Mientras hablaba el Presidente y elogiaba su plan económico con datos que contradecían abismalmente, uno a uno, las sombrías estadísticas que había publicado apenas horas antes el INDEC en Buenos Aires; el índice de riesgo país de la Argentina que elabora el banco J.P. Morgan —a 700 metros de donde Milei daba la conferencia— no paraba de subir y volvía a apuntar a los 600 puntos básicos: algo no concuerda entre lo que manifestó el Presidente y lo que realmente perciben de la economía argentina los mercados financieros.
De hecho, los datos optimistas que recitaba Milei ante los economistas ya habían quedado en el absurdo ante los números que había publicado la semana pasada el INDEC: el índice de producción industrial cae más de 6 por ciento, con sectores puntuales, como el automotor, derrumbándose casi 20 por ciento; las ventas minoristas, según CAME, caen más de 10 por ciento en agosto; el PBI en el segundo trimestre cayó 0,6 por ciento; las ventas en shoppings bajan más del 3 por ciento contra el año pasado, y las ventas en supermercados caen casi 3 por ciento en lo que va del año.

El mismo jueves, mientras hablaba Milei, el INDEC oficializaba el único dato que “creció”: la pobreza, que en el primer semestre pegó un salto de más de 14 por ciento para ubicarse arriba del 32 por ciento. El Presidente, que a principios de año se jactaba en todos sus discursos de que sacó a “14 millones de argentinos de la pobreza”, comparando con los datos del primer semestre de 2024, ahora estaría metiendo a casi dos millones de vuelta en la miseria.
En realidad, la alarmante estadística que publicó el INDEC el jueves se hizo finalmente basando el cálculo de pobreza en el índice de precios de 2004, que Milei, en febrero, incomprensiblemente decidió mantener, cuando ya estaba implementado el índice elaborado en 2018 para empezar a medir desde este año los precios con más realismo: la Argentina tiene el índice de precios más desactualizado del mundo.

La polémica maniobra, además de generar un escándalo político en su momento y afectar seriamente la credibilidad del gobierno argentino en los mercados mundiales, ahora demostró el “efecto colateral” de barrer a casi un millón de pobres debajo de la alfombra: si el INDEC midiera la pobreza con el nuevo —y más realista— IPC que Milei enterró, la mayor inflación marcaría que en los últimos seis meses casi tres millones de argentinos perforaron la línea de pobreza hacia abajo.
El “relato” del gobierno es que todos estos serían problemas de la “microeconomía”, pero que la “macroeconomía” anda bárbaro. La realidad es que los economistas que asistieron al selecto club neoyorquino saben que no existe tal cosa como una macroeconomía que vaya por otro carril que la “micro” —o la economía de las empresas y los individuos—. El plan económico argentino encuentra esos complejos desafíos por sus propios errores de diseño. Cuando el “ancla” de la inflación es solo el precio del dólar, los pesos que se emitieron para financiar la deuda para que se quede en pesos —que solo pasó del Banco Central al Tesoro— generan una inflación que baja demasiado lentamente y a costa de frenar toda la economía.
El desarrollador inmobiliario y economista Ricardo “Inti” Alpert, un influencer en el mercado financiero, lo explica en términos casi filosóficos: “Si una persona existe, es porque nació; y si un peso existe, es porque se emitió”. Alpert muestra todos los meses los datos oficiales del Banco Central de circulante y depósitos de pesos y remarca que, desde que asumió Milei, se quintuplicó la base monetaria amplia y, por eso, la inflación baja muy lento: “Al final, Milton Friedman tenía razón y la emisión genera inflación”, dice, contradiciendo el “relato oficial” de que este gobierno no emite dinero para financiar el déficit, porque sí lo hace indirectamente remunerando la deuda en pesos —para felicidad del mercado del “carry trade”—. Esos pesos son los que obligan a pagar tasas exorbitantes para que no vayan a dólares y, a su vez, hacen tan lenta la baja de la inflación.
Antes de asumir, Milei había prometido bajarla a un dígito en 18 meses y va por el mes 32 con un nivel de más de 30 por ciento, similar al del año pasado.
Por eso, la selecta audiencia de economistas en el club neoyorquino no necesitaba que le explicaran que el “riesgo kuka” no se enfrenta en los mercados financieros con swaps y reservas acumuladas en el Banco Central, que en la historia argentina siempre fueron insuficientes: el campo de batalla en el que el gobierno deberá frenar ese “kuka-risk” son las urnas.
Pero antes de las urnas están las encuestas de imagen y aprobación de gestión que van adelantando el año electoral y no se conmueven con swaps de China o del Tesoro de Estados Unidos: hoy, los datos de todas las encuestadoras serias muestran una desaprobación de gestión superior al 60 por ciento y una aprobación de menos de 40.
Los primeros ensayos para testear al peronismo contra un Milei que busque su reelección dan empates “técnicos” en un muy probable balotaje.

¿Las estadísticas reales —que se publicaban en Buenos Aires mientras hablaba Milei presentando números diferentes— generarán esperanzas en los mercados de que ese “empate técnico” se defina en 2027 a favor del libertario?
Los números del riesgo país elaborados por ese mismo banco lo contradecían con alzas todos los días. Caputo dijo ante los financistas que estimaba que, en los cuatro meses previos a las elecciones, habría una demanda extra de dólares por parte del público de unos 7500 millones y que estaría preparado.
Pero ya hoy las compras de dólares por parte de los argentinos están saltando de un promedio de dos mil a tres mil millones mensuales.
En la corrida cambiaria que se produjo tras el triunfo del peronismo bonaerense en septiembre del año pasado, las compras de dólares saltaron de dos mil a cinco mil millones por mes. Si ese comportamiento se repite, esos 7500 millones adicionales podrían ser insuficientes y habrá todavía más interrogantes que el año pasado:
● Si el Presidente no logra eliminar las PASO, ya en agosto podría quedar claro el “riesgo kuka”, como le sucedió a Mauricio Macri con la corrida y devaluación de agosto de 2019
● La mayoría de los gobernadores está avisando que adelantará sus elecciones para despejar la incógnita nacional y arreglar antes su “feudo”, y en muchos lugares La Libertad Avanza podría no competir o recibir malas noticias de los electorados locales que anticipen un resultado nacional adverso ya desde abril o mayo
● En octubre de 2025, el gobierno de Donald Trump salió al rescate de Milei luego del pánico tras el triunfo peronista bonaerense, interviniendo directamente en el mercado y comprando pesos, pero las chances electorales de los republicanos para las elecciones de medio término, el 3 de noviembre, lucen muy sombrías. ¿Mantendrá Trump margen de maniobra para volver a ayudar a su amigo Milei si pierde el control del Congreso en Washington?
Dos días antes del discurso de Milei, el ministro Luis “Toto” Caputo también pasó por Manhattan y dijo en la sede del propio J.P. Morgan, a cuadras del club en el que hablaría Milei 48 horas después, que estaba armando un “escudo” financiero de un mínimo de 72.000 millones de dólares para defender el peso antes de las elecciones. Lo que en campaña electoral Milei llamaba “excremento” hoy valdría más de 72.000 millones para defenderlo a capa y espada. Su promesa electoral de la “dolarización” ya quedó en el olvido; por eso, el atávico apetito de los argentinos por refugiarse en el billete verde sigue intacto.
El “Toto” se cuidó muy bien de hablar de “escudo” y no mencionar la palabra “blindaje”, que en el mundo financiero recuerda la triste caída de la convertibilidad, con un presidente De la Rúa que presentó en diciembre de 2000, en los jardines de la quinta de Olivos, el “Blindaje 2001” ante las dudas de los mercados de que el esquema resistiera. El blindaje aguantó exactamente un año y, con la convertibilidad, cayó su gobierno.
Milei, en el club neoyorquino de economistas, cerró su discurso prometiendo que, si lo reeligen, la Argentina vivirá en 2028 el mejor año económico de toda su historia. Caputo ya había prometido en abril que empezarían los mejores 18 meses de la historia económica argentina. Las cifras que se publicaban en Buenos Aires, mientras el Presidente y su ministro “vendían” su plan económico, muestran que esos meses todavía no empezaron, y el riesgo país no es otra cosa que la manifestación de las dudas de los mercados de que estén por empezar.




