Los especialistas recomiendan prestar atención a las modificaciones repentinas en la rutina de las mascotas, ya que algunas pueden estar relacionadas con dolor, enfermedades o malestar y no solamente con un problema de conducta.

Un cambio en la forma habitual de comportarse puede ser una de las primeras señales de que un perro no se siente bien. Así lo explica la veterinaria Diane Frank, autora de una revisión publicada en Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice, donde analiza cómo distintas enfermedades pueden manifestarse a través de modificaciones en la conducta.

En el trabajo, la especialista señala que las enfermedades están asociadas con cambios en el comportamiento, como la desaparición de conductas normales o la aparición de otras nuevas. También advierte que algunos de estos signos pueden ser sutiles y pasar inadvertidos para los dueños.

Las señales que pueden indicar que algo no está bien. (Foto: Adobe Stock)
Las señales que pueden indicar que algo no está bien. (Foto: Adobe Stock)

Por eso, una conducta que aparece de manera repentina no debería atribuirse automáticamente a que el perro está “malcriado” o tiene un problema de adiestramiento. El Manual de veterinaria de Merck recomienda descartar primero posibles causas médicas cuando aparece una alteración de comportamiento. Entre ellas menciona el dolor, enfermedades neurológicas y algunas alteraciones orgánicas o endocrinas.

Las señales que pueden indicar que algo no está bien

Los cambios no siempre son evidentes. Un perro que normalmente es sociable puede comenzar a aislarse, mostrarse más irritable o reaccionar de una manera diferente cuando lo tocan. También puede disminuir su actividad, dormir más, vocalizar de manera inusual o dejar de realizar acciones que antes hacía con normalidad.

Las guías de manejo del dolor de la American Animal Hospital Association (AAHA) incluyen entre las señales posibles la pérdida de comportamientos habituales y la aparición de conductas nuevas, como menor interacción con las personas, agresividad, inquietud o cambios en la actividad.

Además, la AAHA advierte específicamente que un cambio repentino de personalidad, por ejemplo, que un perro normalmente amigable se vuelva agresivo, excesivamente temeroso o inusualmente retraído, puede estar relacionado con una enfermedad o una lesión y requiere una evaluación veterinaria para determinar la causa.