Levantó el trofeo del Abierto de Estados Unidos hace apenas días. Pero Alexander Zverev, número 2 mundial, dejó un mensaje que trascendió lo deportivo. En la ceremonia de premios, después de derrotar al estadounidense Ben Shelton en tres horas y 33 minutos, el tenista alemán de 29 años no dirigió sus primeras palabras a su equipo de trabajo ni a los patrocinadores.

Miró a la cámara y habló de su madre.

“Cuando a tu hijo de cuatro años le diagnostican diabetes y los médicos en el consultorio te dicen que su vida y el deporte van a estar sumamente limitados, se necesita una madre muy fuerte para salir de ahí y decir: mi hijo será lo que él quiera ser. Si quiere ser tenista, será tenista; si quiere hacer otra cosa, la hará, pero esta enfermedad no nos va a definir”, expresó el tenista alemán ante la grada del Arthur Ashe.

Alexander Zverev, 29 años, campeón del US Open. Reuters/Robert Deutsch
Alexander Zverev, 29 años, campeón del US Open. Reuters/Robert Deutsch

La diabetes tipo 1 lo acompaña desde la infancia. Es una enfermedad crónica que requiere gestión constante: monitoreo de glucosa, administración de insulina, control dietético, sincronización de entrenamientos. Para cualquier persona es exigente. Para un deportista de élite, parece una contradicción.

Sin embargo, Zverev no solo compitió. Ganó. Y no una vez: en el mismo 2026 se coronó Roland Garros antes de conquistar Nueva York.

La rutina invisible que sostiene los títulos

La realidad de competir con diabetes tipo 1 implica decisiones que la mayoría de los tenistas no enfrenta:

  • Monitorear niveles de glucosa antes, durante y después de cada sesión de entrenamiento
  • Ajustar dosis de insulina en función de la intensidad del ejercicio
  • Planificar la alimentación para evitar hipoglucemias durante partidos de más de tres horas
  • Adaptar los tiempos de recuperación a la exigencia hormonal de la enfermedad
  • Incorporar chequeos médicos especializados en la rutina de competición internacional

“No creo que sea el más talentoso en ningún sentido. Opino que la mayor parte de mi tenis se basa en el trabajo duro, en muchas horas en la pista y en muchas horas en el gimnasio y corriendo. Así es como juego al tenis”, describió Zverev.

El avance tecnológico también está transformando la manera de diagnosticar y monitorear la diabetes.
El avance tecnológico también está transformando la manera de diagnosticar y monitorear la diabetes.

Lo que parece una limitación se transformó en ventaja psicológica: la disciplina requerida para controlar la diabetes alimenta la que necesita para entrenar en élite. No son conceptos separados.

Un mensaje que fue más allá de la pista

La Organización Mundial de la Salud (OMS) no tardó en reaccionar. Su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, se dirigió directamente a Zverev a través de la red X:

“Enhorabuena por tu primer título en el Abierto de Estados Unidos. Gracias por demostrar que la diabetes no tiene por qué limitar los sueños de nadie, y por aprovechar tu visibilidad para inspirar a otros”, escribió Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS.

El organismo internacional aprovechó la visibilidad del momento para recordar un dato crítico: la diabetes afecta a 422 millones de personas en el mundo. La mayoría en países de medianos y bajos ingresos. Y la mayoría sin acceso a tratamiento adecuado.

Fue una oportunidad para algo más que felicitar a un campeón. La OMS pidió a los gobiernos que inviertan en tres ejes clave:

  1. Prevención de nuevos casos
  2. Diagnóstico precoz para detectar la enfermedad en etapas tempranas
  3. Tratamiento y atención integral para quienes ya la padecen

En Argentina, según datos del Ministerio de Salud, la diabetes afecta aproximadamente al 9% de la población, aunque se estima que muchos casos permanecen sin diagnosticar.

El trabajo de una fundación, el legado de un título

Zverev reveló públicamente su condición en 2022 y creó una fundación con su nombre para respaldar a personas con diabetes. No es solo una iniciativa filantrópica. Es una declaración: la enfermedad existe, es seria, requiere cuidado, pero no determina el futuro.

El campeón actual fue parte de una conversación incómoda que la medicina necesitaba tener. Porque mientras que Zverev tenía acceso a médicos, nutricionistas, entrenadores especializados y tecnología para monitorear su glucosa en tiempo real, millones de diabéticos en el mundo no tienen ni insulina garantizada.

Su madre, la extenista rusa Irina Zvereva, fue la brújula en esa historia. No dudó. No limitó. Transformó un diagnóstico potencialmente invalidante en un punto de partida.

A los 29 años, su hijo acaba de demostrar que ella tenía razón.