Un informe de la UNSAM revela que 6,47 millones de hogares tienen algún tipo de déficit habitacional en Argentina. La mayoría necesita mejoras en sus viviendas, mientras que Córdoba combina bajos niveles de déficit general con un acceso limitado a la red cloacal.

El problema habitacional argentino no se reduce a la falta de viviendas. Millones de hogares cuentan con una unidad habitacional, pero viven en condiciones que no garantizan una habitabilidad adecuada. La falta de infraestructura, el hacinamiento, los materiales precarios y las dificultades de acceso a servicios básicos también forman parte de una crisis que atraviesa al país.
El Atlas de la Vivienda Digna y Sustentable en Argentina, elaborado por el Centro de Estudios Económicos Urbanos de la Universidad Nacional de San Martín (CEEU-UNSAM) para Saint-Gobain, estima que 6.479.825 hogares, equivalentes al 40,67% del total, presentan algún tipo de déficit habitacional.
El dato reúne realidades diferentes. Por eso, el estudio distingue entre el déficit cuantitativo, que requiere incorporar una nueva vivienda, y el déficit cualitativo, que comprende unidades existentes que necesitan refacciones, ampliaciones o intervenciones para mejorar sus condiciones de habitabilidad.
La mayoría de los hogares necesita mejorar su vivienda
El déficit cualitativo alcanza a 6.272.765 hogares, el 36,36% del total. Se trata de la principal dimensión del problema habitacional relevado por el Atlas; hogares que ya tienen una vivienda, pero enfrentan dificultades vinculadas con el espacio disponible, los materiales o el acceso a servicios esenciales.
Entre las situaciones contempladas se encuentran el hacinamiento, las conexiones inadecuadas a servicios básicos y las instalaciones o materiales precarios. En estos casos, la respuesta no necesariamente consiste en construir una casa nueva, sino en mejorar las condiciones de la unidad existente.
Uno de los indicadores más relevantes es el hacinamiento. El estudio contabiliza 2.387.157 hogares en esta situación y adopta la definición del INDEC, que considera hacinamiento cuando viven más de dos personas por cuarto.
Córdoba, junto con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, La Pampa y Santa Fe, aparece entre las jurisdicciones con menores niveles de hacinamiento. Sin embargo, el panorama material de las viviendas presenta otras dificultades. Solo el 62,7% de los hogares cuenta con materiales resistentes y sólidos.
La existencia de una vivienda, por lo tanto, no garantiza por sí sola que sus habitantes dispongan de condiciones adecuadas. La calidad constructiva y el estado de las instalaciones también determinan el nivel de bienestar de los hogares.
La infraestructura básica también define el déficit
El acceso a los servicios públicos constituye otro de los grandes componentes del problema. Según el Atlas, el 85% de los hogares cuenta con agua potable de red pública, pero la cobertura de la red cloacal se reduce al 61,7%.
La diferencia implica que casi cuatro de cada diez hogares no están conectados al sistema cloacal. Dentro de ese universo, el 21,7% dispone de cámara séptica y pozo ciego, mientras que el 16,6% elimina las aguas residuales mediante modalidades consideradas inseguras por el estudio.
El acceso al saneamiento evidencia que las condiciones habitacionales no dependen únicamente de las características internas de una vivienda. También están determinadas por la infraestructura disponible en el territorio y por la posibilidad de acceder a servicios esenciales.
Córdoba, entre los menores déficits y las mayores carencias cloacales
El mapa nacional del Atlas ubica a Córdoba entre las jurisdicciones con menor déficit habitacional general, junto con la Ciudad de Buenos Aires, Tierra del Fuego y Chubut. En el extremo contrario se encuentran Santiago del Estero, Chaco y Formosa, que registran los niveles más elevados.
Pero el caso cordobés presenta un contraste significativo. A pesar de ubicarse entre las provincias con menor déficit habitacional general, también figura entre las jurisdicciones con menor acceso a la red pública cloacal.
La provincia, además, se encuentra entre las que presentan menores niveles de hacinamiento. La combinación de estos indicadores muestra que el porcentaje global de déficit no alcanza para explicar por sí solo las condiciones en las que viven los hogares.
Una provincia puede registrar una situación relativamente favorable en términos generales y, al mismo tiempo, enfrentar problemas importantes en un componente específico, como el saneamiento. La crisis habitacional, en este sentido, adquiere características diferentes según el territorio.
Casi 687 mil hogares necesitan una vivienda nueva
El déficit cuantitativo representa el 4,31% de los hogares argentinos, unos 686.925 casos. Esta categoría comprende las situaciones en las que la vivienda existente no ofrece una solución adecuada y es necesario incorporar una nueva unidad habitacional.
El Atlas incluye aquí a hogares que no cuentan con una vivienda propia y deben compartirla en condiciones inadecuadas, así como a aquellos que habitan unidades construidas con materiales tan precarios que no pueden ser recuperadas mediante mejoras y deben ser reemplazadas.
La diferencia entre ambos componentes resulta fundamental. Mientras el déficit cuantitativo expresa la necesidad de nuevas viviendas, el cualitativo concentra a millones de hogares que ya disponen de una unidad, pero requieren intervenciones para vivir en condiciones adecuadas.
El universo de hogares con algún déficit es mucho mayor que el de aquellos que necesitan una vivienda nueva.
Un mercado habitacional atravesado por cambios sociales
El Atlas también incorpora transformaciones en la estructura de los hogares y en las condiciones de acceso a la vivienda. El tamaño promedio de los hogares se redujo y aumentaron las formas de convivencia que se alejan del modelo familiar tradicional.
Al mismo tiempo, la proporción de hogares con vivienda propia cayó del 73% en 2010 al 68,9% en 2020. El dato refleja un retroceso en el acceso a la propiedad, en un contexto donde las necesidades habitacionales también están determinadas por la evolución de los ingresos, los precios y las condiciones de acceso al suelo y a la vivienda.
El estudio plantea una mirada sobre la vivienda digna y sustentable que excede la disponibilidad de una unidad habitacional. La seguridad de la tenencia, la asequibilidad, la accesibilidad, la ubicación, el acceso a servicios y la capacidad de las viviendas para responder a las condiciones ambientales también forman parte del análisis.
Construir más, pero también mejorar lo que ya existe
El diagnóstico del Atlas muestra que el déficit habitacional argentino tiene distintas capas. Hay hogares que necesitan una vivienda nueva, pero también millones que requieren refacciones, ampliaciones, mejores materiales, más espacio o acceso a infraestructura básica.
La magnitud del problema obliga a mirar más allá de la cantidad de viviendas construidas. Las políticas habitacionales también deben contemplar la recuperación y mejora del parque existente, la extensión de los servicios públicos y las condiciones territoriales que determinan la calidad de vida.
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