Las grandes compañías de insumos agrícolas ya no parecen conformarse con vender una semilla, un herbicida o un fungicida. En los últimos años fueron sumando biotecnología, servicios y herramientas digitales hasta comenzar a ofrecer soluciones digitales que facilitan buena parte del planteo productivo. Según Juan Pablo Migasso, gerente senior de Sistemas de Cultivos de la alemana BASF, ese camino recién empieza.

“Pensamos al productor en su sistema de cultivo, no como un producto para un cultivo”, explicó Migasso a Bichos de Campo, al explicar el por qué de la denominación de su propio cargo. El concepto parte de una realidad bastante sencilla: un agricultor no produce solamente soja o maíz, sino que administra una secuencia en la que pueden convivir muchos cultivos.

Por eso BASF, una compañía cuyo origen está fuertemente ligado a la química, fue incorporando durante los últimos años otros flancos del negocio agrícola, como las semillas, así como herramientas de agricultura digital. En el mismo proceso están las otras grandes proveedoras de insumos para el productor.

Uno de los últimos componentes de esa oferta es Xarvio, la plataforma digital con la que la compañía busca utilizar información histórica y datos específicos de cada establecimiento para generar recomendaciones sobre distintas labores.

Una de esas posibilidades es la siembra variable. A partir de los ambientes presentes dentro de un mismo lote, la herramienta puede determinar qué densidad utilizar en cada sector. La misma lógica puede trasladarse a la nutrición o a la aplicación de herbicidas.

Migasso puso un ejemplo concreto: si en un lote de 100 hectáreas las malezas están presentes solamente en la mitad de la superficie, el objetivo es que el productor no tenga que pulverizar las 100 sino que “aplicás el químico para esa cantidad de hectáreas y nada más. Ahorrás mucho combustible, muchos insumos y recursos”, explicó.

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Esa posibilidad de demostrar un beneficio concreto es, a su entender, lo que termina acelerando la adopción de estas tecnologías. “Cuando el productor ve rédito realmente tangible, un beneficio, lo incorpora”, sostuvo Migasso, quien reconoció de todos modos que la agricultura digital todavía está lejos del nivel de adopción alcanzado por otras tecnologías agronómicas.

“El mercado hoy está arrancando, no es una tecnología que ya está madura”, señaló. Sin embargo, aseguró que el crecimiento viene siendo acelerado: “En los últimos años el mercado se viene duplicando o triplicando en lo que es adopción de estas tecnologías. Por supuesto que queda muchísimo”.

La digitalización también permite anticipar determinadas decisiones. Migasso mencionó como ejemplo Spray Timer, una funcionalidad que cruza información sobre variedad, cultivo antecesor y condiciones meteorológicas para estimar el riesgo de enfermedades y orientar el momento de aplicación.

Eso, aclaró, no implica reemplazar al agrónomo. “Esto no va a reemplazar a un técnico, a un asesor del campo”, remarcó. La intención, agregó, es brindarle más información para que pueda tomar decisiones con mayor precisión.

La incorporación de estas herramientas plantea además una pregunta inevitable: si una empresa que vende agroquímicos ofrece al mismo tiempo la recomendación digital, ¿la receta termina siempre favoreciendo a sus propios productos? Migasso aseguró que no necesariamente. Según explicó, la plataforma incluye el portafolio de BASF, pero puede indicar otras alternativas cuando la empresa no tiene una solución para determinado problema.

“No creo que ninguna compañía tenga las soluciones para absolutamente todo. Si yo tengo el producto y la solución para esa problemática, voy a recomendar el mío, pero si no lo tengo, lo que estoy ofreciendo es el servicio del monitoreo o de la recomendación mediante la herramienta digital”, afirmó.

El rumbo, de todos modos, parece claro: integrar cada vez más servicios alrededor de una misma hectárea. Semilla, nutrición, sanidad, productos químicos, monitoreo y datos comienzan a formar parte de una oferta conjunta.

“De a poco va a ir todo a vender una hectárea sana”, resumió Migasso.

Así, aquellas empresas que durante décadas compitieron principalmente por colocar un bidón o una bolsa de semillas ahora empiezan a disputar otro terreno: quién logra acompañar al productor durante una porción cada vez mayor de sus decisiones productivas.