Emigrar se volvió una opción cada vez más frecuente para jóvenes de todo el mundo que buscan mejores oportunidades o ahorrar dinero para regresar a su país. Tomás Carignano, un argentino que vive en Australia desde hace siete años, compartió su experiencia en redes sociales y derribó varios mitos sobre la vida y el trabajo en ese país.

A través de su cuenta de Instagram, Tomás suele contar cómo es el día a día en Australia, los desafíos para conseguir empleo y los salarios que se pueden alcanzar. En una de sus publicaciones, se enfocó en los mitos más comunes: que en Australia uno se hace millonario en seis meses, que es imprescindible hablar inglés perfecto o que es muy difícil conseguir la visa de trabajo.

Según Tomás, Australia permite ahorrar, pero advirtió que es uno de los países más caros del mundo. “En alquiler podés llegar a gastar casi 1.000 dólares americanos por mes en una casa compartida”, explicó. Además, aclaró que si bien algunas profesiones exigen un nivel alto de inglés o experiencia local, conoce a muchos latinos que trabajan en áreas como IT, ingeniería, salud, arquitectura y contaduría.

Cuánto se puede ganar trabajando en Australia

Uno de los mitos más extendidos es que en Australia no se gana tanto dinero. Tomás desmintió esa idea y contó que trabajó en distintas industrias, haciendo hasta 60 horas semanales, y llegó a tener sueldos que nunca imaginó.

Cuando trabajé en el campo, haciendo la siembra, llegué a hacer 94 horas por semana y cobraba unos 2.500 dólares australianos por semana después de impuestos (alrededor de 1.547 euros)”, detalló. También recordó que en la mina ganó unos 1.393 euros semanales y en una granja solar, instalando paneles, unos 1.300 euros.

Si quieren ganar buenos salarios, vayan a Australia, rómpanse el culo trabajando, que estoy seguro que van a hacer una gran diferencia económica”, resumió Tomás.

“Hay que elegir ciertos sectores y estar dispuesto a trabajar 50, 60, 70 u 80 horas por semana. Si les gusta ese ritmo, Australia tiene lugares donde se puede ahorrar mucho”, aseguró. En el caso de la siembra, por ejemplo, llegó a trabajar 94 horas semanales, aunque aclaró que no le resultaba tan agotador porque pasaba el día sentado en un tractor.