El desarrollo tecnológico le permitiría a personas con amputación recuperar movilidad empleando una mano protésica personalizable. El diseño, que combina impresión 3D, electrónica de código abierto y sensores bioeléctricos, fue distinguido en UNC Innova 2026.

Con información de UNCiencia.

Un grupo de estudiantes, investigadores e investigadoras de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) desarrolla una prótesis mioeléctrica de miembro superior que busca producir de modo local y económico una tecnología habitualmente muy costosa para personas con amputación.

El líder del proyecto es Antonio Jesús Pereira Petruele, estudiante de Ingeniería Biomédica y técnico en Informática, junto con Andrés Benjamín Gutiérrez (coordinador) y otros integrantes en un equipo interdisciplinario.

El desarrollo tecnológico se enmarca en el Programa de Educación en Ciencia y Tecnología (PECyT) de la Secretaría de Extensión Universitaria de la UNC, y obtuvo una mención especial en el concurso UNC Innova 2026, de la Secretaría de Innovación y Vinculación Tecnológica de la casa de altos estudios.

Volver accesible lo que parece inalcanzable

En Argentina y América Latina una prótesis mioeléctrica oscila entre los 8.000 y los 60.000 dólares. Este monto es prácticamente inalcanzable para muchas familias y redunda en que personas cuya mano ha sido amputada no consiguen acceder a una tecnología capaz de asistir su movilidad, devolverles autonomía, mejorar la relación con el propio cuerpo y fortalecer el autoestima.

Las prótesis mecánicas funcionan como alternativa, pero tienen menores prestaciones funcionales y estéticas.

Ante ese escenario, el proyecto de este equipo de la UNC busca desarrollar una prótesis modular, personalizable y de código abierto, que pueda fabricarse con materiales y componentes disponibles localmente, cuyo mantenimiento no dependa de servicios técnicos especializados en el exterior.

A diferencia de una prótesis mecánica tradicional, este dispositivo utiliza las señales eléctricas que producen los músculos del miembro residual (la porción del brazo que se conserva tras una amputación o por una condición congénita).

Sensores colocados sobre el muñón captan esas señales y las envían a un microcontrolador Arduino, que funciona como el “cerebro” del sistema y las transforma en órdenes para mover la mano artificial.

“El sensor de electromiografía es un amplificador de señales musculares. Es como si colocáramos un micrófono pegado al músculo para captar sus impulsos”, explica Pereira Petruele. A partir de esa información, el sistema es capaz de abrir o cerrar la mano protésica, según lo requiera la situación.

Una de las particularidades del desarrollo es el sistema de control por doble contracción. En lugar de exigir que la persona mantenga un músculo contraído para sostener un movimiento, el equipo trabaja con una especie de “comando”: una doble contracción puede indicar que la mano debe abrirse o permanecer abierta, mientras otra orden permite cerrarla y mantener el agarre.

La importancia de la extensión universitaria y el contacto con la gente

De este modo el proyecto reduce la fatiga, uno de los problemas recurrentes en el uso cotidiano de algunas prótesis. Pereira Petruele explica que conversando con personas que sufrieron una amputación, conocieron casos de usuarios que abandonaron sus dispositivos por la incomodidad de las correas, el peso o el esfuerzo exigido. “La intención con esta prótesis es evitar justamente los motivos por los cuales la gente deja de usarlas”, apunta el futuro ingeniero biomédico.

Ese diálogo con las personas a las cuales una prótesis de estas características les mejoraría su calidad de vida, quienes perdieron una mano por un accidente laboral, de tránsito, una enfermedad o alguna problemática congénita, fue posible gracias a una experiencia de extensión universitaria que ayudó a darle forma al proyecto, conocer de primera mano las necesidades de sus posibles usuarios y la diversidad de sus contextos.

Diseño accesible, localmente producido y personalizado

Otro eje importante del proyecto, además de su bajo costo y su fabricación y soporte local, es la posibilidad de personalizar la prótesis.

La estructura de la mano protésica se fabrica mediante impresión 3D y puede utilizar materiales plásticos como PLA y PETG. Se busca un encaje perfecto, a medida de cada usuario. Para ello, la parte de la prótesis que se acopla al cuerpo se ajusta mediante dos métodos, según los recursos disponibles: escaneo tridimensional (imagen digital) o férulas termoformables, elaboradas con un material moldeable que se ablanda con el calor para darle forma directamente sobre la zona del cuerpo.

La posibilidad de adaptar la prótesis también contempla las preferencias de quien va a utilizarla. Pereira Petruele plantea que una persona puede querer que la extremidad artificial tenga una apariencia tecnológica y visible, mientras que otra puede optar por un tono similar al de su piel. La impresión 3D permite introducir modificaciones sin tener que rehacer todo el dispositivo.

El carácter abierto del desarrollo constituye una parte central de la propuesta. La combinación de impresión 3D, componentes electrónicos accesibles y diseño open source permitiría que hospitales públicos, talleres o espacios equipados con herramientas de fabricación digital puedan producir piezas y realizar reparaciones localmente.

La alternativa de producción se extiende además al ámbito doméstico, simplificando el mantenimiento. Como explica el desarrollador: “Cualquier persona que tenga una impresora 3D y cuente con los planos de su propia prótesis puede imprimir la que quiera. Si se rompiera algo, sólo hay que imprimir otra en un plazo de dos horas a un día, y lo soluciona rápidamente”.

A su vez, el costo de esta prótesis respecto a los modelos importados es aproximadamente un 96% menos. Las pruebas realizadas estiman que los insumos y componentes equivalen apenas a una fracción del mercado, aunque la suma total variará según la versión final del dispositivo.

El desarrollo todavía requiere avanzar en etapas de validación y pruebas. El equipo ya cuenta con una estructura impresa y ensamblada, servomotores operativos y ensayos iniciales de funcionamiento mecánico. También trabaja en integrar el sistema de lectura de las señales musculares con el mecanismo de movimiento.

Para Gutiérrez, el sentido del proyecto excede la construcción de un dispositivo. “Lo principal es que todas las personas puedan tener acceso a tecnología de calidad que sirva para mejorar sus condiciones de vida, y con los recursos que tenemos a nuestro alcance”, afirma. En ese recorrido, destaca el papel de la extensión universitaria como vínculo entre el conocimiento académico y las necesidades de la sociedad.

Ahora el desafío es convertir el prototipo en una solución que pueda ser utilizada de manera segura, confortable y sostenida en el tiempo. Detrás de esa meta hay una idea central: que la tecnología desarrollada desde la universidad pública pueda responder a problemas concretos y que el acceso a una herramienta capaz de recuperar autonomía no quede limitado por su precio o por la necesidad de recurrir a soluciones importadas.

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