Diseñar un chip de IA suele llevar años. OpenAI encontró un atajo bastante obvio: usar su propia IA para hacerlo

Hace casi un mes que OpenAI desveló al mundo algunos de los detalles de Jalapeño, su primer chip de IA propio, desarrollado en colaboración con Broadcom. Que una empresa haga un chip es un auténtico hito que requiere tiempo, dinero y varias generaciones hasta pulir el componente.

Sin embargo, la empresa liderada por Sam Altman ha ido a velocidad de vértigo: del concepto arquitectónico al silicio en menos de 20 meses, y del código a la fabricación en apenas nueve. ¿Cuál es su secreto? Para sorpresa de nadie, usar sus propios modelos de IA como herramienta de diseño. Lo contaba Richard Ho, vicepresidente de hardware de OpenAI: "los modelos están dando superpoderes a nuestros ingenieros".

El chip. Jalapeño alcanza hasta 13,4 petaflops de cómputo en 4 bits, accede a 232 gigabytes de la memoria más avanzada disponible y se conecta a esta a 15,4 terabytes por segundo. En cuanto a la latencia, la reduce de extremo a extremo hasta 3,6 veces frente a la GB300 de Nvidia, el chip del que actualmente depende OpenAI, y además lo hace consumiendo menos energía, según datos publicados por la propia OpenAI.

Hacia el adiós a Nvidia. Jalapeño se anunció oficialmente el 24 de junio de 2026 y constituye el primer paso de OpenAI para, eventualmente, dejar de depender de Nvidia y fabricar su propio hardware. Se fabrica en TSMC y se enmarca en un plan de infraestructura a gran escala y a varios años vista junto a Broadcom.

Hoy en día casi cualquier gran tecnológica que se precie ha hecho sus pinitos en el diseño de chips propios para IA, precisamente para depender menos de Nvidia, la gran beneficiada del boom del sector: ahí están la TPU de Google o Maia, de Microsoft. Lo verdaderamente diferencial en el caso de OpenAI es la rapidez: lo suyo ha sido casi visto y no visto.

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